Conferencia impartida en la 24 Conferencia Internacional de la Asosiación RIdIM
Antes de quitarse la vida en la frontera de España y Francia, debido a la persecución nacional-socialista y la cancelación (temporal) de visas para refugiados judíos en España, las circunstancias y catástrofes históricas impidieron que Walter Benjamin concluyera la culminación de su pensamiento, nos dejara una colección masiva de notas[1] y redondeara “la unidad formal de su obra”[2]: por bifurcaciones forzadas, esta se congeló y descongeló en lo fragmentario y fuera de la historia, como integrado. Debido a esto, se puede afirmar que Benjamin se posicionó antes y después de su muerte como un filósofo que termina y comienza en la frontera; su límite contiene a su vez su propio franqueamiento. A él no se le atribuye un marxismo ortodoxo[3], una revolución proletaria o con una función utópica positiva con contenido histórico de la esperanza[4], sino se le nombra un revolucionario copernicano en la escritura de la historia[5] cuyos “pensamientos… lucen con un color que no suele darse en el espectro de los conceptos”[6]. Por lo tanto, erróneamente se le ha juzgado a Benjamin ser un filósofo revolucionario burgués[7], tratando a su pensamiento y obra como si fuera una colección de pensamientos románticos aislados y arbitrarios, que idealiza la utopía y mezcla la reflexión religiosa; es una impotencia para poder deslumbrar la profunda naturaleza espiritual de sus ideas, donde demuestra su agudeza hasta en el análisis de los objetos más sensibles y su interpolación de lo más pequeño, como un rayo que suspende y revela el alcance de su ‘extraordinaria unidad de consciencia filosófica’ a través de su entrega a lo múltiple.
Para Benjamin, la especulación como doctrina religiosa, lo distanció y lo acercó al comunismo y al materialismo a lo largo de su vida[8]. Nunca los entendió como determinismo económico y científico; no degradó lo concreto a ejemplo del concepto: “él siempre eligió como objeto los puntos nodales de lo concreto, lo indisoluble en aquello que en ellos ha verdaderamente cicatrizado”[9]. Esto no es decir que no tuviera un compromiso profundo con las formaciones sociales. Es más bien, que su procedimiento político se desenvuelve y se dinamiza en escenarios aparentemente ajenos a la política propiamente dicha. Hacemos filosofía y filosofía política siempre en relación con textos ya preexistentes en una constelación: “el estrato de lo material al que se dedicó era histórico y literario”[10] y, simultáneamente, lo histórico mismo, nos permite transmutarlo en lo social mediante una imagen dialéctica.
En 1934 en el comienzo de su separación de los intelectuales comunistas, construye una brecha conceptual acerca de la relación entre creación artística y compromiso revolucionario que desemboca en su célebre ensayo ‘La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica’ cuyo propósito será señalar “dentro del presente, el punto exacto al que se referirá mi construcción histórica como a su punto de fuga” y que “hacen el intento de dar a la teoría del arte una forma verdaderamente contemporánea, y esto desde dentro, evitando toda relación no mediada con la política.”[11]
Es aquí donde comienzo mi lectura política y artística sobre la Inteligencia Artificial. Partiré buscando las ‘tendencias evolutivas del arte bajo las actuales condiciones de producción’, y haré analogías en pasado y presente en cómo se usa el arte y la tecnología en los régimenes fascistas. Si bien, no busco sintetizar mis exploraciones con una dialéctica de naturaleza afirmativa[12], me acercaré al concepto de ‘imagen dialéctica’ de Benjamin, donde alterna a través de alegorías e imágenes, entre lo nuevo, lo pasado y lo perenne poniendo toda su atención en lo micrológico, los detalles más pequeños y olvidados, y donde el flujo continuo de la historia se congela por un instante: ese pequeño detalle se polariza de significado, convirtiéndose en una «imagen» que se cristaliza y revela las verdades de una época.
Tendencias evolutivas del arte bajo las actuales condiciones de producción
“En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio [Uberbau] jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social.” [13] Para el filósofo Karl Marx, la estructura económica de una sociedad es lo que determina la política, sus leyes y su forma de pensar sociales. Esta se encuentra en la base en donde se cimienta la superestructura (Uberbau). Los dos elementos centrales de esta base, la infraestructura, son lasfuerzas productivas- que son la capacidad de una sociedad para producir bienes y que están determinadas por múltiples factores, como el nivel medio de destreza del obrero, el desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas[14], la coordinación social del proceso, la escala y la eficacia de los medios de producción (herramientas, maquinaria, etc.) así como sus condiciones naturales- y las relaciones de producción[15]– las relaciones sociales que los individuos establecen entre sí para producir (la propiedad es una condición fundamental de la producción, y la forma que esta toma (comunal, privada, etc.) define las relaciones entre los individuos). El modo de producción por otro lado describe la interrelación particular de las fuerzas productivas y las relaciones de producción; es la forma concreta en que una sociedad se organiza para producir sus bienes.
Cuando Benjamin habla del análisis que hizo Marx sobre el modo de producción capitalista[16], y menciona que descendió a sus condiciones fundamentales, lo que encontró fue un pronóstico: una explotación más aguda de los proletarios y a la vez, “la preparación de las condiciones que hacen posible su propia abolición”[17]. En un tono más nostálgico, Benjamin reconoce que las artes tuvieron una ‘revolución’ más lenta que la de la base, situando así, a la explotación en el núcleo del modo de producción capitalista que retrasa el progreso interrelacionado de la superestructura. Así como los análisis de Marx concluyeron en una predicción, Benjamin critica y diluye al propio concepto de pronóstico y especula sobre el futuro del arte, dialectizando al arte del proletariado después de la toma de poder o el arte de la sociedad sin clases y las ‘tendencias del desarrollo del arte bajo las actuales condiciones de producción’. Esta dialéctica del pronóstico y de la función del arte postrevolución, no deja a un lado “un buen número de conceptos heredados”[18], sino sugiere que su empleo acrítico “lleva a la elaboración del material empírico en un sentido fascistas”[19]. Es, por lo tanto, que Benjamin se sitúa y sostiene por un momento en una dialéctica de la evolución estética, en el cruce de una estetización de la política, característico del fascismo donde estetiza la vida política, y la politización del arte[20], donde reside su concepción revolucionaria del comunismo.
La masa en el fascismo
De acuerdo con Poulantzas, uno de los errores de la crítica Stalinista al fascismo[21] fue que lo entendieron como un fenómeno político de masas basado en la socialdemocracia, es decir, que la socialdemocracia de alguna manera formaba su base popular, su base de masa: “Para él, una base popular peculiar del fascismo era incomprensible o inimaginable.”[22] En esta idea de Stalin, donde la socialdemocracia y el fascismo no eran opuestos, sino complementarios o gemelos, formaban un «bloque político informal», en el cual la socialdemocracia actuaba como el «ala moderada del fascismo» y le proporcionaba su base de masas. Stalin a su vez partió de la postura de la Internacional Comunista, donde debido a su perspectiva economista[23], los llevó a subestimar la importancia de factores políticos e ideológicos que permitieron la ‘persistencia’ de la socialdemocracia en la clase trabajadora, y en la creación de sus nuevas bases: sí se consolidaba como movimiento de masas, pero era uno con profundas raíces sociales[24].
Debido a la teoría del Socialfascismo impulsada por la Internacional Comunista, llevó a los partidos comunistas, especialmente el alemán (KPD), a considerar a la socialdemocracia como el «enemigo principal», por encima del propio fascismo. La estrategia era «golpear más fuerte a la socialdemocracia… como condición previa para la victoria sobre el fascismo de Hitler»[25]. Tal distorsión conceptual condujo a un error estratégico de funestas consecuencias: la identificación de la contradicción secundaria —la existente entre el proletariado y la socialdemocracia— como la contradicción primaria. Esto supuso relegar a un segundo plano la lucha fundamental contra el fascismo, al designar a la socialdemocracia como el ‘enemigo principal’; se obstruyó la articulación de la única táctica defensiva viable para la clase trabajadora: la política del Frente Único. Por otro lado, el análisis de Poulantzas subraya que dicho error no debe interpretarse como una falla de tipo idealista —es decir, una mera equivocación teórica—, sino como el producto directo de las pugnas de poder dentro de la superestructura política del Estado soviético. La línea de la Internacional Comunista, por tanto, no respondió a las necesidades objetivas de la lucha de clases del proletariado a nivel internacional, sino a los intereses específicos de la burocracia estalinista en su proceso de consolidación del poder. La consecuencia final fue la fragmentación de las fuerzas proletarias, lo que incapacitó su resistencia y facilitó la victoria de la contrarrevolución fascista.
El fascismo articula políticamente a la pequeña burguesía mediante una interpelación ideológica específica: una vez en el poder, procede a instalar a la pequeña burguesía como la ‘clase a cargo del Estado’; es la base de masas del fascismo[26]. Aunado a esto, es fundamental distinguir esta función de la de clase dominante. Aunque la hegemonía política y la dominación económica son ostentadas por la fracción del gran capital monopolista, la pequeña burguesía asume una función política crucial al ocupar de manera masiva y sistemática los aparatos de Estado. Esta ocupación del personal estatal es precisamente lo que le confiere al Estado fascista su característica autonomía relativa y le permite reorganizar el bloque en el poder bajo la nueva hegemonía del gran capital. Por un lado, se tiene el poder ‘formal’, que lo ostenta la pequeña burguesía y por el otro, el poder ‘real’, el grupo fascista. Una base de masas es el principal sector social que sustenta y mantiene al poder del fascismo en su evolución. Por lo tanto, se distingue la base popular del movimiento (la pequeña burguesía) de sus beneficiarios estratégicos (el gran capital) y de sus adversarios a neutralizar (los proletarios)[27].
En el momento que Benjamin habla sobre la ‘masa’ en el texto de la obra de arte, menciona que el ‘culto del público’, que se refiere a la creación deliberada de una masa de espectadores pasivos y adoradores diseñada para venerar a las estrellas de cine, es un complemento al culto a las estrellas. Estas dos facciones son las caras de una misma moneda. Se promueve un público que no critica ni analiza, sino que consume y venera la imagen fabricada de la estrella, a lo que, suplementariamente, el capitalismo fabrica ídolos cuya fama se basa en el “brillo dudoso de su carácter mercantil”[28]. Es una ‘constitución corrupta de la masa’, entendido como un público que el fascismo busca instrumentalizar.
Pero, el autor no deja de dialectizar. Uno de sus argumentos del sentido operativo de la masa, es que tenemos a la “masa proletaria o dotada de conciencia de clase”[29] y también, una “masa compacta o pequeño burguesa”[30]. Esta última, para Benjamin “no es otra cosa que una masa que se vuelve cada vez más compacta a medida que aumenta la presión a la que está sometida en medio de las dos clases enemigas: la burguesía y el proletariado”[31]. Como se mencionó anteriormente, el poder formal otorgado por los fascistas a la nueva base popular desemboca en una masa que es influenciable y encausable a la violencia (‘entusiasmo guerrero’)[32], ‘al odio antisemita o al instinto de conservación’ y que se comprime por fuerzas que moldean a la masa con el gran capital en el fondo. Aunque Benjamin no reduce la concepción de la masa como Gustave Le Bon[33], donde se desempeña como anónima, impulsiva, irritable, altamente sugestionable y como una mente tipo colmena, Benjamin se sitúa en una imagen proletaria donde “prepara una sociedad en la que ya no se darán las condiciones, ni objetivas ni subjetivas, para la formación de masas”[34].
Aunque la concepción de masa para Benjamin tenía un tono ambivalente y a la vez, optimista, y veía un potencial revolucionario mediante la conciencia de clase proletaria que transformaría “radicalmente la estructura de la masa proletaria”[35], esto no ocurrió así. Actualmente, podemos sórdidamente concluir que la fusión de las masas proletarias a través de la lucha de clases y de la solidaridad[36] nunca se consolidó y desembocó en los campos de concentración y los campos de trabajo colectivo. Al contrario, Guy Standing, en el 2011, argumenta que vivimos en un ‘precariado’[37] (fusión de precario y proletariado) con nuevos trabajadores que viven en una condición de inseguridad existencial constante, sin una identidad profesional estable, a diferencia del viejo proletariado, que fue históricamente exclusivo y con trabajos, explotados, pero constantes. La ilusión de una consolidación de una nueva clase trae consigo la atracción hacia los “políticos populistas y mensajes neofascistas”[38], o llanamente, la manipulación burda de la emoción en las redes sociales de la pequeña burguesía y el precariado, como lo fue la movilización de masas digitales en Cambridge Analytica[39]. Stranding ‘pronosticó’ que, si no se atendían las inseguridades y aspiraciones del precariado como prioridad, tanto un “monstruo político”[40] como una ‘clase peligrosa’, a saber, una clase completamente instrumentalizada, se verterían en una masa compacta. Es hoy y a principios del siglo XX donde esto se vuelve más relevante.
Condiciones de Producción actuales
Desde la década de los 80 hasta la crisis de 2008, con el auge y la mutación del neoliberalismo hacia el “capital en la nube”[41], se implementaron políticas de ‘mayor competitividad’. Estas se tradujeron en una reducción de los costos de producción, un incremento de las exportaciones, una disminución de las importaciones, un aumento de la rentabilidad (entendida como la medida relativa de beneficio en proporción a los recursos invertidos) y una bajada de impuestos para atraer a los inversionistas.
Este modelo neoliberal se aleja considerablemente de la economía política clásica que Marx criticaba en el siglo XIX[42]. En esta última, el valor de cambio – el aspecto cuantitativo y relacional, o precio, de una mercancía – domina sobre el valor de uso – su aspecto cualitativo y su valor inherente. El neoliberalismo, por su parte, se centra en el concepto de rentabilidad y en un proyecto de clase que busca someter el trabajo al capital a través de desregulaciones a los salarios y con ‘contratos voluntarios’. Lo que conecta ambos sistemas – el criticado por Marx y el neoliberal – es la tendencia a mercantilizarlo todo y someter el valor experiencial[43] – en términos de Benjamin, valor de exhibición – al valor de cambio[44].
El auge del neoliberalismo coincidió con una desintegración controlada del viejo sistema económico, provocando una recesión que buscaba reducir el poder de negociación de los trabajadores y «eliminar las cadenas que el presidente Roosevelt había impuesto a los banqueros para contener su imprudencia»[45]. A diferencia de modelos anteriores que permitían la intervención estatal, el neoliberalismo promueve un vaivén de desregulación y regulación[46], la eliminación de controles de precios y la reducción de barreras comerciales. Además, extiende la ‘lógica empresarial’[47] a todas las esferas de la vida, buscando que el mercado, en lugar del Estado, sea el modelo para gobernar los problemas sociales. Aunque el neoliberalismo critica la intervención estatal, la economía política clásica (e incluso el keynesianismo) la consideraba una parte integral para la estabilización de la economía.
La introducción de la computadora en la ingeniería, la arquitectura y las finanzas, a partir de la década de los 60, permitió una abstracción cada vez mayor de las operaciones financieras. Esta abstracción alcanzó un punto en el que se volvió imposible prever, controlar o incluso entender la composición de los derivados transaccionables[48]. La burbuja que estalló en el 2008 fue, en parte, el resultado de una estructura de capital que «creó más deuda de la nada para utilizarla como materia prima para más apuestas»[49]. En este contexto, los prestamistas hipotecarios, bancos comerciales y de inversión concedían préstamos a trabajadores manuales sin recursos «que soñaban con la seguridad de tener su propia vivienda», a pesar de que estos no podían pagar las deudas. El proceso estaba tan desconectado de la realidad que «el financiero que había concedido el préstamo hacía tiempo que ya no tenía nada que ver con aquello»[50]. Es precisamente en la abstracción de las transacciones y los préstamos, encapsulada en el algoritmo, donde se encuentran intrínsecamente las condiciones políticas e ideológicas necesarias para la reproducción y la dominación del sistema. Esta es la esencia que perdura del neoliberalismo en el ‘capital en la nube’.
Según la teoría de Varoufakis, el capital en la nube representa una evolución del capital tradicional, añadiendo una «tercera naturaleza”[51] de este: la capacidad de modificar algorítmicamente el comportamiento humano. Esto otorga a sus propietarios, los nubelistas, un poder social – que es la segunda naturaleza del capital- sin precedentes. A través de algoritmos- que también es una nueva forma de la automatización del poder – estos nuevos señores dominan a los trabajadores en fábricas y almacenes, a quienes llama «proletarios de la nube»[52]. ‘La nube’, se refiere a la acumulación física de maquinaria en red, software, algoritmos basados en inteligencia artificial y hardware de comunicaciones que se extiende por todo el planeta, incluyendo granjas de servidores, torres de telefonía móvil y cables de fibra óptica en el fondo de los océanos. Este capital es lo que impulsa el «tecnofeudalismo»[53], un nuevo sistema económico que, según Varoufakis, está reemplazando al capitalismo. La clave de este nuevo sistema es que el capital en la nube tiene una capacidad de mando sin precedentes y una naturaleza nunca vista: un medio de modificación del comportamiento y de dominio individualizado por intermedio de la extracción de capital en su actividad digital. El nuevo sistema se diferencia del capital tradicional en que se reproduce con el trabajo no remunerado de miles de millones de personas, a quienes Varoufakis denomina ‘siervos de la nube’; gracias a ellos, es de donde se alimentan constantemente las plataformas digitales al subir fotos, videos, reseñas y publicaciones. Simultáneamente, dicha modificación del comportamiento proviene de la intencionalidad[54], en el algoritmo, del programador, que es una nueva fracción de la pequeña burguesía y responde a los intereses de esta. Este trabajo no asalariado o improductivo, genera poder extractivo y renta de la nube para los nubelistas, dinero que no beneficia a quienes lo produjeron ni entra en la circulación económica tradicional. Finalmente, este sistema reemplaza los mercados tradicionales por «feudos digitales»[55] como Amazon, donde los algoritmos aíslan a compradores y vendedores y permiten a los nubelistas cobrar ‘rentas de la nube’ a los ‘vasallos capitalistas’ para acceder a los clientes. El argumento es igualmente válido para las artes: en el caso de los creadores artísticos, si no se le ofrece un tributo en forma de renta a los nubelistas, sus algoritmos los condenan a la nula exhibición y al olvido. Aunque las antiguas formas de explotación siguen vigentes en el nuevo sistema[56], la misma concepción muta cuando el consumidor promedio provee su trabajo sin remuneración para consolidar y extender el alcance de la nube.
Benjamin, por su parte, argumenta que la evolución de las condiciones de producción —desde la litografía y las revistas ilustradas hasta la fotografía y el cine sonoro— transforma la superestructura y, por lo tanto, la esencia misma del arte. Este proceso, caracterizado por una aceleración constante en la reproducción masiva de imágenes, redefine la propia época del arte, liberándolo de su tradicional valor de culto y aura, y reemplazándolo por su valor de exhibición. El valor de exhibición se refiere a la emancipación del arte de su función ritual para darle un impacto político, es decir, un nuevo valor de uso. A pesar de que Benjamin se enfocó en la “disputa entre dos polaridades dentro de la propia obra de arte”[57] y no menciona directamente al valor de uso más que en una de las versiones del ensayo[58], podemos argumentar que – a través del valor de exhibición en las obras de arte y sus oportunidades de ser exhibidas – es en esta contradicción donde se encuentra la distancia en la reducción del arte al valor de cambio y donde podemos trazar las similitudes entre una evolución acelerada de las condiciones de producción y la reproducción masiva de imágenes de la Inteligencia Artificial: cada avance acelera la democratización de la imagen, la erosión del valor de culto y el dominio del valor de exhibición, subordinando el arte a las lógicas de la producción y, simultáneamente, al mercado.
Imágenes en la época de la IA
La Inteligencia Artificial es un campo de la ciencia y la ingeniería que se dedica a la construcción de entidades inteligentes. Se define como el estudio de agentes que perciben su entorno y actúan para lograr el mejor resultado posible en una tarea dada, o el mejor resultado esperado en situaciones de incertidumbre[59]. Esta se subdivide en cuatro enfoques principales[60]:
- Sistemas que piensan como humanos: Se basan en la idea de modelar la mente humana
- Sistemas que piensan racionalmente: Se centran en el estudio de las facultades mentales a través de modelos computacionales y en el uso de la lógica para el razonamiento correcto
- Sistemas que actúan como humanos: Se enfocan en crear máquinas que puedan pasar la Prueba de Turing, es decir, que su comportamiento sea indistinguible del de una persona
- Sistemas que actúan racionalmente: Se dedican al estudio de cómo crear agentesracionales que hagan «lo correcto» para alcanzar sus objetivos, dadas las percepciones del entorno y el conocimiento que poseen
Se ha especulado mucho sobre la sustitución de trabajadores por la inteligencia artificial[61], y los estudios sugieren que ciertos empleos son más vulnerables a la automatización que otros, como los de trabajadores agrícolas, conductores y cajeros de banco[62], entre otros. El poder de las computadoras inteligentes no solo acelera la producción (“…el ojo capta más rápido de lo que la mano dibuja[63]”), sino que también reestructura por completo la naturaleza del trabajo. Aunque históricamente los avances tecnológicos han transformado los modos de producción, la IA va más allá del simple reemplazo de tareas. Si bien las fuerzas productivas siguen siendo vistas como mercancías, la IA está cambiando fundamentalmente la forma en que se crea valor al redefinir las dinámicas y la organización del trabajo. En este nuevo paradigma, los algoritmos se convierten en el motor principal de la producción. Al dictar la competitividad y la optimización, la lógica algorítmica ya no es un simple complemento del trabajo humano, sino que transforma la esencia misma de cómo se realiza el trabajo: en las instrucciones por una computadora, en nombre de la eficiencia y el deseo artificial, se borra la huella definitivamente sobre su valor de uso y se agudiza la explotación por decisiones que no son ni razonadas por seres humanos y que siguen simulando el valor excepcional. No es de sorprender que los gobiernos en el mundo prefieran generar imágenes con la IA generativa en vez de pagarle a los artistas por su producto estético[64].
Walter Benjamin devela la contradicción central del cine en la era capitalista y en el tecnofeudalismo. Por un lado, sus tecnologías de reproducción masiva poseen un potencial democratizador y revolucionario. Al eliminar la distancia sagrada del arte tradicional (el aura), el cine se convierte en una herramienta con la que las masas pueden, por primera vez, analizarse a sí mismas, reconocer su realidad y tomar conciencia de su propia clase social. Esta posibilidad se cristaliza en lo que Benjamin llama un «derecho legítimo a ser objeto de una reproducción”[65], donde la persona común ya no es una mera espectadora, sino la protagonista de su propia historia. Sin embargo, hoy en día esta promesa es siempre traicionada por la explotación. El algoritmo se apropia de esta poderosa tecnología, no para liberar, sino para controlar. En lugar de representar a la gente común en su vida y su trabajo, la industria cinematográfica y las IA generativas crean universos artificiales, aspiracionales, sedados y sin pensamiento crítico que desemboca en una miríada de simples “servidor[es]
de fetiches”[66]. Mediante la extracción de rentas digitales y monopolizadas, para mantener a las masas subyugadas y distraídas, construyen un pseudo-aura[67] y un efecto anestesiante alrededor de sus productos. A través de un masivo aparato publicitario, la vida de los actores, los empresarios, los presidentes y las imágenes generadas y reificadas de Estudio Ghibli, se convierten en un espectáculo que sustituye la realidad. El objetivo de esta manipulación es, por tanto, corromper el interés genuino del público por el autoconocimiento e inducirlo a la pasividad. No es, por lo tanto, decir ideológicamente que el uso de la IA trae consigo una destrucción de su “aparición masiva[68]”: es encontrar en la fascinación por fantasías superficiales e ilusorias – imágenes cuyo valor se reduce al de una mercancía fetichista para el entretenimiento – cómo se desplaza el potencial político del arte. Concuerdo con Benjamin, cuando concluye que esta maquinaria ideológica opera exclusivamente ‘para beneficio de una minoría de propietarios’, y la única solución es arrancar el arte de sus manos, “El culto a la mercancía pone a éste al servicio de lo inorgánico”[69].
Conclusiones
Cuando Benjamin dice: “…se vuelve evidente que una es la naturaleza que se dirige al ojo y otra la que se dirige a la cámara”[70] escribe esto en el contexto de cómo el cine, a través de técnicas como el primer plano o la cámara lenta, revela un inconsciente óptico y nos muestra una realidad diferente, una que es invisible para la percepción humana. Hoy podríamos decir que un algoritmo procesa y ‘ve’ el mundo de una forma no humana: la naturaleza que le habla al algoritmo no es la misma que la que le habla al ojo.
El desarrollo tecnológico en la infra y superestructura, dialécticamente implica un desarrollo y retroceso en la naturaleza de la sensibilidad. A la vez, la relación entre una primera naturaleza, mitológica, y una segunda, un entorno artificial creada por el capitalismo, también es dialéctica. La segunda naturaleza, no elimina simplemente a la primera, sino que la reprime y, al mismo tiempo, reactiva sus fuerzas míticas en nuevas formas – como el eterno retorno de lo nuevo y la moda o su carácter mítico en la mercancía[71]. Es decir, que, en el entorno artificial, se engaña a los sentidos a través de la manipulación técnica, para proveer un “mundo de fantasía privatizado que funcionaba como un escudo protector para los sentidos y las sensibilidades…”[72]. Despertar del letargo de la segunda naturaleza, es descifrar, en movimiento retroactivo, sus fantasmagorías y liberarse, como progreso, de la historia reprimida en ellas. Esto posibilita romper con el continuum mítico de la catástrofe e instaurar una oportunidad revolucionaria: es una interrelación cuando se afirma que los cambios en la sensibilidad son cambios de los modos de producción.
Además de acelerar los procesos y maximizar la sensibilidad y los modos de producción, el uso desmedido y acrítico de las IA rompe los vínculos sociales y atomiza más al individuo[73]. Para que la sociedad entre en una madurez de los aparatos técnicos de la IA, tiene que convertirla en un órgano suyo mediante un uso correcto de las fuerzas productivas. Es decir, la sociedad tiene que estar suficientemente desarrollada para dominar sus propias fuerzas constitutivas e incrementar la importancia social del arte para no experimentar cíclicamente la estética de guerra[74] así como los puros aparatos de dominación que reproducen la pasividad en forma de subjetividad atomizante, explotación y plusvalía: “A la forma del nuevo modo de producción, que al principio aún está dominada por la del antiguo (Marx), le corresponden en la conciencia colectiva imágenes en las que lo nuevo se entrelaza con lo antiguo. Estas imágenes son imágenes desiderativas, y en ellas el colectivo busca tanto superar como transfigurar la inmadurez del producto social y las carencias del orden social de producción.”[75] Dicho de otra forma, es transformar las deficiencias del estado incipiente del sistema de producción social hacia formas liberadoras del precariado, e incrementar la importancia social del arte para no disociar del público la actitud crítica y fruitiva.
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[1] Susan Buck-Morss, “Dialéctica de la mirada: Walter Benjamin y el proyecto de los Pasajes”, trad. Nora Rabotnikof (Madrid: Visor, 1995), 13.
[2] Theodor W. Adorno, «Introducción a los Escritos de Benjamin,» en Notas sobre literatura (Madrid: Ediciones Akal, S. A., 2003), 548.
[3] Jesús Aguirre, habla del marxismo de Benjamin en el prólogo como un ‘marxismo, pero aplicado a constelaciones temáticas de empaque surrealista o, más en el fondo, mágico’, “Walter Benjamin: Fantasmagoria y objetividad,» en Iluminaciones II, por Walter Benjamin, trad. Jesús Aguirre (Madrid: Taurus Ediciones, S. A., 1972), 12.
[4] Ernst Bloch, “The Principle of Hope, vol. 1”, trad. Neville Plaice, Stephen Plaice, y Paul Knight (Cambridge, MA: The MIT Press, 1986), 146.
[5] Buck-Morss, Dialéctica de la mirada, 14.
[6] Adorno, Introducción a los Escritos de Benjamin, 549.
[7] Georg Lukács, «El Hyperion de Hölderlin,» en Goethe y su época, trad. Manuel Sacristán (Barcelona: Ediciones Grijalbo, S. A., 1968), 217 y 219.
[8] Bolívar Echeverría lo agrupa como ‘marxistas heterodoxos’ en la Introducción a la Tesis sobre la historia, Walter Benjamin, “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”, trad. y ed. Bolívar Echeverría (México, D.F.: Contrahistorias, 2005), 6.
[9] Adorno, Introducción a los Escritos de Benjamin, 553.
[10] Ibid
[11] Citado por Bolivar Echeverría, Walter Benjamin, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, trad. Andrés E. Weikert (Madrid: Casimiro, 2016), 12.
[12] Theodor W. Adorno, “Dialéctica Negativa”, trad. Alfredo Brotons Muñoz (Madrid: Taurus, 1975), 7.
[13] Karl Marx, “Contribución a la crítica de la economía política”, 14ª ed., trad. Marat Kuznetsov (México: Siglo XXI Editores, 2008), 4.
[14] Karl Marx, “El Capital: Crítica de la economía política”, vol. 1, Libro primero: El proceso de producción del capital, Tomo I, 30ª ed., trad. Pedro Scaron (México: Siglo XXI Editores, 2010), 49.
[15] Marx, El Capital, 1: 69.
[16] Benjamin, La obra de arte, 37.
[17] Ibid
[18] Benjamin, La obra de arte, 38.
[19] Ibid
[20] Benjamin, La obra de arte, 99.
[21] Nicos Poulantzas, “Fascism and Dictatorship: The Third International and the Problem of Fascism”, trad. Judith White (Londres: NLB, 1977), 150.
[22] Ibid
[23] Ibid
[24] Poulantzas, Fascism and Dictatorship, 84.
[25] Citado de Hirsch en ‘Die Internationale’, Poulantzas, Fascism and Dictatorship, 160.
[26] Elizaveta Gaufman y Adrian Favero, «Explaining the Trump loyalty cult phenomenon,» The Loop, 2 de abril de 2025, https://theloop.ecpr.eu/explaining-the-trump-loyalty-cult-phenomenon/.
[27] Técnicamente hablando, son los jornaleros lo más cercanos a los proletarios, Katy Tur, «Farmers struggle amid rising costs and Trump’s tariffs: ‘We’ve got a real disaster’,» MSNBC, 10 de septiembre de 2025, https://www.msnbc.com/the-last-word/watch/farmers-struggle-amid-rising-costs-and-trump-s-tariffs-we-ve-got-a-real-disaster-1318331459523.
[28] Benjamin, La obra de arte, 74.
[29] Benjamin, La obra de arte, 108.
[30] Ibid
[31] Ibid
[32] The White House, «Restoring the United States Department of War.» Presidential Actions, 5 de septiembre de 2025, https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/09/restoring-the-united-states-department-of-war/.
[33] Gustave Le Bon, “Psicología de las masas”, trad. Amando Lázaro Ros (n.p.: El Libro Total, s.f.)
[34] Benjamin, La obra de arte, 109.
[35] Benjamin, La obra de arte, 107.
[36] Ibid
[37] Guy Standing, “El precariado: Una nueva clase social”, trad. Silvia Furió (Barcelona: Pasado & Presente, 2013).
[38] Standing, El precariado, 52.
[39] Guy Standing, “The Corruption of Capitalism: Why Rentiers Thrive and Work Does Not Pay” (Londres: Biteback Publishing, 2017), 41.
[40] Standing, The Corruption of Capitalism, 8.
[41] Yanis Varoufakis, “Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo”, trad. Arginis Patious (Barcelona: Deusto, 2024).
[42] Marx, El Capital, 1: 75.
[43] Para Varoufakis, el valor excepcional es aquel que no se puede mercantilizar del trabajo. Es una profundización del valor de uso de Marx, Varoufakis, Tecnofeudalismo, 18, 19, 183.
[44] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 29.
[45] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 49.
[46] Standing, The Corruption of Capitalism, 16.
[47] Aunque Elon Musk ya no pertenece estrictamente al modelo neoliberal, podemos observar una reminiscencia de la lógica empresarial de la época aplicado a la educación misma con su inversión y creación de la escuela de educación primaria ‘Ad Astra’, Sarah Schwartz, «Elon Musk Is Opening a School for Young Students. Here’s What We Know About It,» Education Week, 27 de noviembre de 2024, https://www.edweek.org/technology/elon-musk-is-opening-a-school-for-young-students-heres-what-we-know-about-it/2024/11.
[48] Los derivados, originalmente eran una mutación de una idea de seguro que se utilizaba para proteger a los agricultores de la caída de los precios. En el neoliberalismo, se convirtieron en una apuesta o un riesgo que un inversor puede comprar para asegurarse contra una caída drástica en el precio de sus acciones. A medida que el sistema financiero evolucionó, los derivados se convirtieron en instrumentos aún más complejos, permitiendo a los banqueros y traders apostar no solo con su propio dinero, sino también con grandes sumas de dinero que creaban de la nada
[49] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 51.
[50] Ibid
[51] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 58.
[52] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 72.
[53] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 201.
[54] FCPyS-UNAM, «Congreso Interuniversitario de la Ciencia Social,» YouTube, 12 de septiembre de 2025, video en vivo, https://www.youtube.com/live/gjBgaiyM8jo?si=Rzdqg_nSWpCLk45c.
[55] Varoufakis, Tecnofeudalismo, 77.
[56] Michael Sainato, «14-hour days and no bathroom breaks: Amazon’s overworked delivery drivers,» The Guardian, 11 de marzo de 2021, https://www.theguardian.com/technology/2021/mar/11/amazon-delivery-drivers-work-conditions-unions.
[57] Benjamin, La obra de arte, 52.
[58] El autor hace una analogía entre el valor único e insustituible de la obra de arte auténtica y ‘un valor de uso originario y primero’, Benjamin, La obra de arte, 50.
[59] Stuart Russell y Peter Norvig, “Artificial Intelligence: A Modern Approach”, 3ª ed. (Upper Saddle River, NJ: Pearson, 2010).
[60] Russell y Norvig, Artificial Intelligence, 2.
[61] Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, «The future of employment: How susceptible are jobs to computerisation?,» Technological Forecasting and Social Change 114 (enero de 2017): 254, https://doi.org/10.1016/j.techfore.2016.08.019.
[62] Jerry Kaplan, Artificial Intelligence: What Everyone Needs to Know (Nueva York: Oxford University Press, 2016), 121.
[63] Benjamin, La obra de arte, 40.
[64] Luis Antonio Garza, «Águila calva y manos con 6 dedos: Critican a Tlaxcala por hacer murales patrios con IA,» ABC Noticias, 5 de septiembre de 2024, https://www.abcnoticias.mx/tendencias/2024/9/5/aguila-calva-manos-con-dedos-critican-tlaxcala-por-hacer-murales-patrios-con-ia-220790.html.
[65] Benjamin, La obra de arte, 78.
[66] Benjamin, La obra de arte, 50.
[67] Podemos ver los residuos de un pensamiento aurático, en la ciencia ficción y su tecno-optimismo y a la vez tecno-distopia en Ray Kurzweil, “The Singularity Is Nearer: When We Merge with AI”, (Nueva York: Viking, 2024).
[68] Benjamin, La obra de arte, 44.
[69] Walter Benjamin, “Libro de los Pasajes”, trad. Luis Fernández Castañeda, Isidro Herrera y Fernando Guerrero (Madrid: Akal, 2005), 42.
[70] Benjamin, La obra de arte, 86.
[71] Luke Dormehl, «First iPhone launch date fuels long lines: Today in Apple history,» Cult of Mac, 29 de junio de 2025, https://www.cultofmac.com/557375/today-in-apple-history-iphone-launch-date/.
[72] Buck-Morss, «Aesthetics and Anaesthetics,» 22.
[73] Angela Yang, Laura Jarrett, y Fallon Gallagher, «The family of teenager who died by suicide alleges OpenAI’s ChatGPT is to blame,» NBC News, 26 de agosto de 2025, https://www.nbcnews.com/tech/tech-news/family-teenager-who-died-suicide-alleges-openais-chatgpt-blame-rcna206533.
[74] Melanie Goodfellow, «Israeli Filmmakers Issue Dire Warning of Right-Wing Government ‘Attack’ on Film Industry & Public TV, Call For Film Fund Boycott,» Deadline, 10 de septiembre de 2024, https://deadline.com/2024/09/israeli-filmmakers-right-wing-government-attack-film-industry-public-tv-film-fund-boycott-1236083329/.
[75] Benjamin, Libro de los Pasajes, 38 y 39.



