Fisuras en el Silencio

Fisuras en el silencio: hacia una noción de fémina sonante 

Para Alba, mi fémina sonante 

Resumen 

Este ensayo desarrolla la noción de fémina sonante para nombrar los procesos mediante  los cuales diversas feminidades emergen a través de las prácticas sonoras. A diferencia  de las categorías centradas en identidades, funciones o campos específicos de acción  dentro del ámbito sonoro, la propuesta desplaza la atención hacia las relaciones y  prácticas que posibilitan la emergencia de conocimiento, memoria, afecto, imaginación y  territorialidad en la escucha. 

Desde una perspectiva transdisciplinaria que articula estudios sonoros, acustemología,  pensamiento feminista y la noción de individuación desarrollada por Gilbert Simondon,  se plantea que la escucha constituye un proceso relacional donde las feminidades  emergen performativamente mediante prácticas de creación, interpretación, producción,  investigación, mediación, documentación y transmisión sonora. En este sentido, la  fémina sonante no designa una identidad fija ni una esencia femenina previamente  constituida, sino un proceso de devenir mediante el cual las feminidades adquieren  presencia y significado en la experiencia de escucha. 

La propuesta dialoga con los estudios sobre el sonido, la escucha, la performatividad y  el devenir para explorar las condiciones mediante las cuales diversas formas de  presencia adquieren significado y participan en la producción de mundo. Asimismo,  examina cómo las prácticas sonoras posibilitan formas de presencia que, aun  participando activamente en la configuración de experiencias, memorias e imaginarios  colectivos, no siempre han ocupado posiciones centrales dentro de las narrativas dominantes. Desde esta perspectiva, la noción de fémina sonante se plantea como una  herramienta conceptual que permite atender las relaciones mediante las cuales diversas  feminidades emergen, resuenan y adquieren presencia en la experiencia de escucha. 


Introducción 

Las transformaciones contemporáneas de la cultura sonora han ampliado de manera  significativa las formas en que las feminidades participan en la creación, circulación,  producción, preservación, investigación y mediación del sonido. Más allá de los espacios  tradicionalmente asociados a la interpretación musical, las prácticas sonoras abarcan  procesos de composición, producción musical, diseño sonoro y arte sonoro, entre otros;  así como la etnomusicología, la documentación acústica, la investigación académica, la  preservación de memorias auditivas y la transmisión de saberes vinculados con la  escucha. Esta diversidad evidencia que el sonido no constituye únicamente un objeto  estético, sino también un espacio de producción de significado, conocimiento, memoria,  experiencia y relación.  

Sin embargo, la creciente complejidad de estas prácticas invita a desplazar la reflexión  hacia los procesos mediante los cuales determinadas experiencias adquieren presencia  en la escucha. Las categorías habitualmente empleadas para describir funciones  específicas —desde la interpretación, la composición y la producción hasta el diseño  sonoro, la investigación o el arte sonoro— permiten identificar ocupaciones y campos de  acción, pero resultan insuficientes cuando el interés se orienta hacia las relaciones que  hacen posible determinadas formas de presencia sonora. En muchos casos, la  relevancia de una práctica sonora no radica exclusivamente en los sonidos que produce,  sino en su capacidad para producir sentido a través de formas de presencia que activan  memorias, articulan conocimientos, movilizan afectos y transforman los modos de habitar  el mundo.

Este desplazamiento implica una pregunta distinta. Más que indagar quién produce  sonido, interesa explorar cómo determinadas prácticas sonoras posibilitan formas de  presencia vinculadas con diversas feminidades y qué relaciones emergen a través de  ellas. La atención se traslada así desde las identidades hacia los devenires; desde las  categorías ocupacionales hacia las prácticas; y desde las formas acabadas hacia las  condiciones que posibilitan su emergencia. En este sentido, el pensamiento de Gilbert  Simondon permite reconocer que las formas de presencia en la escucha no constituyen  estados previamente dados, sino procesos relacionales de individuación y  transformación. 

La noción de fémina sonante emerge de esta inquietud: su formulación dialoga con  diversas tradiciones teóricas que han contribuido a explorar las relaciones entre sonido,  escucha, experiencia y formas de existencia. Los trabajos de Feld (2013) y Ochoa  Gautier (2024) permiten concebir la escucha como una forma de conocimiento; Butler  (2004, 2006) aporta elementos para examinar los procesos mediante los cuales las  feminidades adquieren reconocimiento y presencia en distintos contextos sociales;  Simondon (2009) ofrece una comprensión relacional del devenir y los procesos de  individuación; mientras que Haraway (1995) contribuye a reconocer las alianzas entre  cuerpos, tecnologías y producción de conocimiento. Asimismo, esta propuesta se nutre  de una trayectoria de investigación, creación y divulgación centrada en la escucha como  forma de relación con el mundo. Un antecedente importante de estas inquietudes se  encuentra en Alba, sonoridades de la luz (2015–2017), serie radiofónica dedicada a  recuperar y difundir las contribuciones de mujeres vinculadas con la interpretación,  creación, investigación y mediación sonora en distintos contextos históricos y culturales.  Aunque desarrollada desde una perspectiva divulgativa, esta experiencia permitió  reconocer la diversidad de prácticas mediante las cuales las feminidades participan en  la construcción de mundos sonoros y evidenció cómo numerosas contribuciones  realizadas por mujeres, pese a su relevancia cultural, artística y epistemológica, han  ocupado históricamente posiciones periféricas dentro de los relatos dominantes sobre la  cultura sonora.

Posteriormente, en Tuxtla Sonante: Las biofonías de las aves y su correlación con el  comportamiento acústico del humano: una aproximación acustemológica, desde la  postura simondoniana y la transestética (Oliva Quiñones, 2025), la escucha fue abordada  como un proceso de producción de sentido capaz de articular territorio, experiencia y  conocimiento. Más adelante, en Las morras (también) cantan ficción (Oliva Quiñones,  2025), la atención se desplazó hacia las formas en que diversas creadoras producen  imaginarios y mundos posibles mediante el sonido. La noción de fémina sonante se  configura en la convergencia de estos recorridos: la escucha como forma de  conocimiento, el sonido como relación, las feminidades como productoras de mundo y la  necesidad de nombrar procesos de presencia sonora que históricamente no siempre han  ocupado posiciones centrales dentro de los regímenes de escucha dominantes. 

Las morras* (también) cantan ficción*.
Narraciones desde el cuerpo, la voz y la palabra.

1. Presencias en resonancia 

Ningún concepto emerge en el vacío. Toda noción es el resultado de encuentros,  tensiones, afinidades y desplazamientos que, al resonar entre sí, abren nuevas  posibilidades de pensamiento. Fémina sonante no constituye una excepción; su  formulación surge en la intersección de múltiples tradiciones que han reflexionado sobre  la escucha, el devenir, la performatividad, la tecnología y los modos de relación con el  mundo. Más que rastrear antecedentes lineales, construir una genealogía exhaustiva o  pretender agotar las múltiples aproximaciones de los estudios sonoros, interesa  reconocer aquellas resonancias que sitúan la presencia sonora en el terreno de las  relaciones, los devenires y las prácticas de escucha. Su selección responde a una  afinidad teórica con los problemas que atraviesan este ensayo: la escucha como forma  de conocimiento, el devenir como proceso de individuación, la performatividad de las  feminidades y las alianzas entre cuerpo, tecnología y experiencia. Estas perspectivas no  ofrecen una definición acabada de fémina sonante; constituyen, más bien, campos de  vibración conceptual desde los cuales es posible explorar los modos en que las  feminidades adquieren presencia a través del sonido. Desde esta perspectiva, la  presencia sonora se despliega como un campo de relaciones en constante  transformación dentro del devenir, donde la escucha participa activamente en la 

emergencia de experiencias, relaciones y formas de existencia. Lejos de constituir una  recepción pasiva, escuchar participa en el devenir de las relaciones mediante las cuales  la experiencia adquiere sentido, profundidad y resonancia. 

La noción de fémina sonante encuentra aquí una de sus resonancias fundamentales. Su  emergencia no depende exclusivamente de la producción de frecuencias acústicas, sino  de la capacidad de activar formas de escucha que articulan experiencia, emociones y  conocimiento. Como han mostrado las aproximaciones acustemológicas desarrolladas  por Feld (2013) y ampliadas críticamente por Ochoa Gautier (2024), la escucha no  constituye únicamente una forma de percepción, sino también una forma de  conocimiento. Lo que adquiere presencia no es solamente una voz o una práctica  aislada, sino modos específicos de relación con el mundo que se vuelven perceptibles a  través de la escucha. Escuchar implica conocer, interpretar y producir mundo. La  escucha se configura, así, como un espacio donde se inscriben memorias, territorios,  afectos e historias, y donde se generan las condiciones que hacen posible la emergencia  de diversas feminidades como formas de presencia. Esta perspectiva permite advertir  que las formas de presencia en la escucha no constituyen una condición dada de  antemano, sino el resultado de entramados relacionales, históricos y culturales que hacen posibles múltiples maneras de escuchar. En consecuencia, las prácticas sonoras  no solo producen sonidos; participan también en la configuración de aquello que puede  ser escuchado, reconocido y compartido. Si la acustemología permite reconocer la  escucha como una forma de conocimiento, la filosofía de Gilbert Simondon ofrece  herramientas para examinar los procesos relacionales mediante los cuales diversas  formas de presencia emergen y adquieren consistencia en la experiencia. 

La propuesta de fémina sonante dialoga con la comprensión relacional de la  individuación desarrollada por Simondon (2009). La escucha no constituye un espacio  pasivo de recepción, sino un proceso mediante el cual las relaciones que conforman una  experiencia encuentran formas de resonar, transformarse y adquirir presencia. Lo audible  no aparece como una propiedad fija de las cosas, sino como una emergencia relacional  que acontece en la propia experiencia de escucha. Ninguna forma de presencia sonora  es neutral ni está garantizada de antemano; toda emergencia depende de contextos históricos, culturales y técnicos que configuran las condiciones de aquello que puede ser  escuchado, reconocido y compartido. Comprendida como un proceso de individuación  sonora, la fémina sonante no designa una forma de existencia previamente dada ni una  identidad estable, sino un devenir relacional que emerge en las prácticas sonoras y en  las relaciones que éstas articulan. Su emergencia acontece en las resonancias que  entrelazan memorias, saberes, afectos, imaginarios y territorios. Como todo devenir,  permanece abierta, inacabada y en transformación constante. Es precisamente en ese  devenir abierto e inacabado donde esta propuesta encuentra una de sus resonancias  filosóficas más profundas. 

1.1 Escucha, tecnología y producción de presencia 

Las formas contemporáneas de la escucha se despliegan en escenarios donde cuerpos,  dispositivos, infraestructuras técnicas y experiencias sensibles se encuentran  profundamente entrelazados. Escuchar ya no constituye una acción restringida a la  presencia inmediata de una fuente sonora; las tecnologías han ampliado las  posibilidades de registrar, almacenar, transformar, transmitir y recrear sonoridades a  través de múltiples escalas espaciales y temporales. Las reflexiones de Donna Haraway  (1995) ofrecen herramientas para situar estos procesos desde una perspectiva  relacional. Al cuestionar las fronteras rígidas entre organismo y máquina, naturaleza y  cultura o humano y tecnología, su propuesta invita a reconocer que las experiencias  contemporáneas emergen mediante ensamblajes relacionales donde participan  simultáneamente cuerpos, tecnologías, infraestructuras y diversas formas de mediación. Ninguna experiencia sonora acontece en el vacío: toda escucha se encuentra mediada  por relaciones materiales y técnicas que participan activamente en la configuración de  aquello que puede ser escuchado, registrado, preservado y compartido. Un archivo  sonoro, una grabación de campo, una plataforma digital, un sistema de amplificación o  una tecnología de inteligencia artificial no funcionan únicamente como canales de  transmisión; intervienen también en la producción de presencia, memoria y transmisión.  Las feminidades no adquieren presencia exclusivamente mediante la producción de  sonidos, sino también a través de los entramados técnicos que hacen posible su registro,  preservación, transmisión y escucha. En este sentido, las tecnologías participan activamente en las condiciones que permiten la emergencia, permanencia y circulación  de determinadas experiencias sonoras. 

La escucha contemporánea acontece, así, en una trama de mediaciones donde las  tecnologías no sustituyen la experiencia humana, sino que amplían las posibilidades de  relación a través del sonido. La presencia sonora emerge entonces de ensamblajes  complejos donde cuerpos, memorias, prácticas y dispositivos participan conjuntamente  en la producción de sentido, a través de la cual se configuran formas de relación con el  mundo. Es en estas mediaciones donde la fémina sonante encuentra otras formas de  resonar, permanecer y hacerse presente más allá de la inmediatez del acontecimiento  acústico. 

2. La fémina sonante: una propuesta conceptual 

En sintonía con las reflexiones de Butler (2004, 2006) sobre el carácter performativo de  las identidades, la fémina sonante puede entenderse como una forma de presencia que  acontece en el propio proceso de su realización. Entendida como una condición  relacional, permite describir los modos en que diversas feminidades emergen en la  escucha y participan en la producción de conocimiento, memoria, afecto, imaginación y  en la configuración de formas de relación con el mundo. Su interés no radica en identificar  quiénes son las féminas sonantes, sino en reconocer las condiciones relacionales  mediante las cuales diversas feminidades adquieren presencia a través de la escucha.  Más que delimitar identidades o prácticas específicas, la propuesta se orienta hacia los  procesos que hacen posible esa emergencia y hacia las relaciones que le otorgan  significado.  

Este desplazamiento modifica la forma habitual de aproximarse a las prácticas sonoras.  La atención se traslada desde las identidades hacia los procesos; desde las categorías  hacia las relaciones; y desde las formas previamente constituidas hacia las condiciones  de emergencia que hacen posible determinadas experiencias de escucha. Como  condición relacional, puede manifestarse en la composición, la interpretación, la  producción musical, el diseño sonoro, la investigación, la documentación acústica, la  preservación de memorias auditivas, la transmisión de saberes comunitarios, el arte

sonoro o cualquier práctica donde el sonido participe activamente en la producción de  experiencias significativas de escucha. Su emergencia tampoco depende  exclusivamente de la presencia física de una voz, sino que puede acontecer mediante  una grabación de campo, un archivo acústico, una pieza radiofónica, una composición  electroacústica, una investigación sonora, una práctica comunitaria de transmisión oral  o cualquier forma de mediación capaz de producir relaciones a través del sonido. 

La fémina sonante tampoco busca establecer oposiciones binarias ni construir una  categoría enfrentada a las formas masculinas de producción sonora. Su interés radica  en visibilizar procesos vinculados con feminidades que, pese a haber participado  activamente en la creación, transmisión, preservación e investigación del sonido, han  ocupado con frecuencia posiciones periféricas dentro de los relatos dominantes que  organizan la historia de las prácticas sonoras. Lejos de restringirse a un periodo histórico,  una tradición cultural o una práctica específica, permite explorar los diversos modos en  que las feminidades adquieren presencia a través del sonido en distintos contextos de  existencia. En este sentido, la fémina sonante no aparece como una categoría de  exclusión, sino como una herramienta conceptual destinada a ampliar los modos de  reconocer quiénes y qué formas de existencia participan en la producción de mundo a  través de la escucha: desde la performatividad, acontece mediante prácticas que la  hacen presente en la escucha; desde la acustemología, participa en la producción de  conocimiento; desde la individuación, permanece abierta al devenir; y desde la escucha,  produce relaciones. Ninguna de estas dimensiones opera de manera aislada; todas  convergen en procesos mediante los cuales diversas feminidades adquieren presencia  a través de prácticas sonoras. 

2.1 Fémina sonante y memoria 

La escucha constituye uno de los espacios privilegiados donde la memoria adquiere  presencia. A diferencia de otros registros, el sonido posee la capacidad de reactivar  experiencias, evocar territorios, convocar afectos y actualizar vínculos que parecían  haber desaparecido. Una voz grabada, una canción transmitida entre generaciones, una  narración oral, un archivo sonoro o una práctica comunitaria de escucha permiten que  determinadas experiencias continúen resonando más allá del momento en que fueron 

producidas. En el marco de estas resonancias, la mediación memorial adquiere un rol  activo; su relevancia no radica únicamente en producir sonidos, sino en hacer posibles  formas de presencia mediante las cuales ciertas memorias continúan actuando en el  presente. Lo que se preserva no es solamente información acústica, sino experiencias,  saberes, afectos y formas de relación que permanecen disponibles a través de la  escucha. La memoria, en este sentido, no constituye un depósito estático de  acontecimientos pasados. Desde una perspectiva relacional cercana a la propuesta de  Simondon (2009), puede entenderse como un proceso continuo de actualización y  transformación. Cada acto de escucha reactiva relaciones, reorganiza significados y  permite que experiencias aparentemente concluidas adquieran nuevas formas de  presencia. A través de prácticas de creación, documentación, interpretación, archivo,  investigación o transmisión oral, diversas feminidades participan en la conservación y  reactivación de memorias que continúan configurando formas de conocimiento,  pertenencia e imaginación colectiva. Estas prácticas no solo resguardan experiencias del  pasado; también posibilitan que dichas experiencias permanezcan disponibles para  nuevas formas de escucha y nuevas formas de relación, asegurando la continuidad de  vivencias que atraviesan generaciones, culturas y comunidades. 

2.2 Fémina sonante y conocimiento 

Lejos de constituir únicamente un medio de expresión o representación, las prácticas  sonoras participan activamente en la construcción de saberes, interpretaciones y modos  de existencia. La emergencia de la fémina sonante se vincula con la capacidad de  generar condiciones de escucha mediante las cuales determinados saberes pueden  adquirir presencia, circular y volverse socialmente relevantes. Lo que emerge a través  de estas prácticas no es únicamente una voz o una sonoridad determinada, sino formas  de habitar, interpretar y relacionarse con la realidad. Esta dimensión resulta  especialmente visible en aquellas prácticas donde la escucha funciona como una  herramienta de investigación, observación, documentación o transmisión de saberes. En  sintonía con la perspectiva acustemológica desarrollada por Feld (2013), la experiencia  sonora permite reconocer relaciones entre cuerpos, territorios, memorias, afectos y experiencias que difícilmente podrían percibirse desde otras formas de aproximación al  mundo. Escuchar implica, en este sentido, una modalidad de atención mediante la cual  el conocimiento se produce en la propia relación entre quienes escuchan y aquello que  es escuchado. Cada práctica sonora moviliza formas específicas de saber que se  configuran en el encuentro, donde el conocimiento no se localiza exclusivamente en el  sonido ni en quien escucha, sino en las dinámicas que emergen entre ambos para  comprender y habitar el mundo. 

Desde esta dimensión, la fémina sonante no se limita a transmitir conocimientos  previamente constituidos. Su presencia se vincula con la capacidad de generar  condiciones de escucha desde las cuales nuevos saberes pueden adquirir significado,  circular y transformar las formas de relación con el mundo. Allí donde el sonido participa  en la producción, transmisión o resignificación de conocimientos mediante la escucha,  es posible reconocer procesos afines a esta noción. El conocimiento aparece entonces  no como un contenido fijo, sino como una experiencia relacional que se configura en el  propio acto de escuchar. 

2.3 Fémina sonante y afecto 

Los sonidos participan constantemente en la configuración de estados emocionales,  disposiciones sensibles y formas de relación que atraviesan la experiencia cotidiana. Una  voz puede generar cercanía, una canción puede acompañar un duelo, un paisaje sonoro  puede producir calma o inquietud, y una práctica de escucha compartida puede fortalecer  vínculos entre personas y comunidades. En este sentido, el afecto no constituye una  reacción individual aislada frente a un estímulo acústico. En consonancia con una  comprensión relacional de la experiencia, cercana a la propuesta de Simondon (2009),  los afectos emergen en el encuentro entre sonidos, cuerpos, memorias, contextos y  formas de escucha. Lejos de pertenecer exclusivamente a un sujeto, circulan, se  transforman y adquieren significado a través de las relaciones que los hacen posibles. 

Bajo este enfoque, la relevancia de los procesos sonoros radica en su capacidad para  producir resonancias que transforman la manera en que las personas se vinculan  consigo mismas, con otras personas y con su entorno. Esta relación resulta 

particularmente significativa porque la memoria, el conocimiento y la imaginación  encuentran con frecuencia en el afecto una condición de posibilidad. Aquello que  conmueve o interpela suele permanecer con mayor intensidad en la experiencia. Los  sonidos no solo comunican información ni preservan recuerdos; participan también en la  configuración de atmósferas sensibles que exceden la materialidad inmediata del sonido,  prolongándose en las emociones y en las formas de relación que configuran la  experiencia compartida. 

2.4 Fémina sonante e imaginación 

A través de la imaginación, las prácticas sonoras no solo registran o interpretan el mundo;  participan activamente en la creación de mundos posibles. Los sonidos poseen la  capacidad de evocar lugares ausentes, convocar presencias que no se encuentran  físicamente disponibles, sugerir futuros posibles o transformar la percepción de aquello  que se considera real. Escuchar implica también imaginar: cada experiencia de escucha  moviliza imágenes, recuerdos, asociaciones y proyecciones que exceden la materialidad  inmediata del fenómeno acústico. 

Esta dimensión resulta particularmente significativa en contextos donde las narrativas  dominantes han limitado históricamente las posibilidades de representación de diversas  feminidades. En consonancia con la comprensión performativa propuesta por Butler  (2004, 2006), la imaginación sonora permite ensayar otras formas de presencia, articular  relatos alternativos y generar condiciones para que nuevas memorias, sensibilidades y  experiencias encuentren formas de resonar en la escucha. En este sentido, imaginar  constituye también una forma de intervención en la realidad. A través de la composición,  la narración sonora, la ficción, el arte sonoro, la experimentación acústica o las prácticas  comunitarias de escucha, se abren espacios donde la experiencia puede reorganizarse  y proyectarse más allá de las condiciones inmediatas de existencia, abriendo horizontes  posibles desde los cuales nuevas formas de presencia, relación y existencia pueden  adquirir significado. 

2.5 Fémina sonante y territorio 

Todo sonido emerge en contextos específicos, atraviesa paisajes acústicos 

determinados y participa en formas particulares de relación con el entorno. El territorio  no constituye únicamente una dimensión geográfica de la experiencia, sino un entramado  de memorias, afectos, saberes, presencias y relaciones que se configuran a través de la  escucha. A través de la voz, la música, la oralidad, la documentación acústica o la  investigación, el sonido se convierte en un medio para habitar, interpretar y significar los  lugares. Como han señalado las perspectivas acustemológicas desarrolladas por Feld  (2013) y retomadas críticamente por Ochoa Gautier (2024), escuchar constituye también  una forma de conocer los territorios y las relaciones que los configuran. Escuchar un  territorio no implica únicamente percibir los sonidos que lo componen, sino reconocer las  huellas de historias compartidas, formas de organización social y conocimientos  situados. Esta dimensión adquiere una relevancia particular cuando se considera que  diversas feminidades han participado históricamente en la conservación de  conocimientos vinculados con las comunidades y las formas de vida locales, aportando  a la construcción de territorialidades que permiten experimentar pertenencia, arraigo,  movilidad y memoria. Los territorios no solo se habitan; también se escuchan. 

2.6 Fémina sonante y producción de mundo 

La memoria, el conocimiento, el afecto, la imaginación y el territorio se encuentran  constantemente entrelazados en la experiencia sonora. La expresión «producción de  mundo» no alude únicamente a la creación de representaciones sobre la realidad, sino a  los procesos mediante los cuales determinadas formas de existencia adquieren  presencia, significado y capacidad de relación en la experiencia compartida. Los mundos  se configuran y reconfiguran a través de prácticas, afectos, saberes, memorias e  imaginarios que organizan la manera en que las personas se relacionan con aquello que  las rodea. 

En consonancia con los planteamientos acustemológicos de Feld (2013) y Ochoa Gautier  (2024), el sonido interviene directamente en la configuración de la experiencia. Lo que  emerge a través de estas prácticas son también maneras de conocer, imaginar y habitar  la realidad. En términos de Butler (2004, 2006), estas formas de presencia no preexisten a las prácticas que las hacen audibles, sino que emergen y adquieren reconocimiento en  el propio proceso de su aparición. Desde una lectura próxima a Simondon (2009), esta  convergencia puede comprenderse como un proceso abierto de individuación en el que  las relaciones preceden a las formas estables. Es en este horizonte donde la fémina  sonante alcanza su formulación más amplia: una condición relacional mediante la cual  diversas feminidades adquieren presencia, resonancia y significado a través de prácticas  sonoras que intervienen en la construcción compartida del mundo. 

Consideraciones finales 

Más que ofrecer una definición cerrada, este ensayo propone una primera aproximación  conceptual susceptible de ser ampliada, discutida y reformulada en futuras  investigaciones. La noción de fémina sonante abre nuevas interrogantes sobre las  relaciones entre escucha, feminidades, memoria, creación sonora, prácticas  comunitarias, mediaciones tecnológicas y producción de conocimiento. Precisamente  por su carácter relacional, no se restringe a una época, una cultura o una práctica sonora  específica. Su alcance radica en ofrecer una herramienta conceptual capaz de reconocer  los múltiples modos en que diversas feminidades adquieren presencia, resonancia y  significado a través del sonido en distintos contextos históricos y culturales. Más que  identificar formas de existencia previamente constituidas, permite atender las  condiciones que hacen posible su emergencia y devenir audible en la escucha. Si  escuchar implica participar en los procesos mediante los cuales el mundo adquiere  presencia, la fémina sonante invita a reconocer aquellas resonancias que durante mucho  tiempo permanecieron en los márgenes de la escucha. No porque estuvieran ausentes,  sino porque las condiciones que hacían posible su aparición no siempre ocuparon un  lugar central dentro de las formas dominantes de producir y narrar el mundo sonoro.  

Ampliar los horizontes de la escucha supone reconocer otras maneras de conocer,  recordar, imaginar, habitar y producir mundo a través del sonido. En este sentido, la  noción de fémina sonante permite advertir aquellas resonancias donde diversas 

feminidades encuentran formas de hacerse audibles y participar en la producción de  mundo mediante prácticas sonoras que articulan memoria, conocimiento, afecto,  imaginación y territorio. Más que una categoría para nombrar formas de existencia  previamente definidas, constituye una invitación a reconocer los procesos mediante los  cuales determinadas presencias llegan a resonar, hacerse audibles y participar en la  construcción compartida del mundo. En ello reside, quizá, una de sus principales  aportaciones: ofrecer una vía para reconocer cómo diversas feminidades, a través de la  escucha y del sonido, participan continuamente en la producción de mundo.


Referencias 

Butler, J. (2004). Lenguaje, poder e identidad (P. Soley-Beltran, Trad.). Editorial Síntesis. Butler, J. (2006).

Deshacer el género (P. Soley-Beltran, Trad.). Paidós. Feld, S. (2013). Una acustemología de la selva tropical. Revista Colombiana de  Antropología, 49(1), 217-239. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=105029052010

Haraway, D. J. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (M.  Talens, Trad.). Ediciones Cátedra. 

Ochoa Gautier, A. M. (2024). Auralidad: escucha y conocimiento en la Colombia del siglo  XIX. Editorial Universidad del Rosario / Universidad de los Andes. 

Oliva Quiñones, A. L. (Productora y conductora). (2015–2017). Alba, sonoridades de la  luz (ecos femeninos) [Serie radiofónica]. Radio Universidad UNICACH FM; Puertarbor  Producciones Culturales.  https://www.youtube.com/watch?v=6zc19dXgyyQ&list=PLy_GoKqVhmjK9Wf4iAZuvSC 7vtT82ovs3 

Oliva Quiñones, A. L. (2025). Las morras (también) cantan ficción. Sonus Litterarumhttps://sonuslitterarum.mx/author/aurora-lucia-oliva/ 

Oliva Quiñones, A. L. (2025). Tuxtla sonante: Las biofonías de las aves y su correlación  con el comportamiento acústico del humano: una aproximación acustemológica desde la  postura simondoniana y la transestética [Tesis doctoral no publicada]. ICONOS, Instituto  en Comunicación y Cultura. 

Simondon, G. (2009). La individuación a la luz de las nociones de forma y de información(P. Ires, Trad.). Cactus.

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