Jorge Braulio de Jesús Alcaraz Castro
Gran ricura de frutos puedes encontrar en este largo y fluctuante camino de vida. En este valle de lágrimas siempre hallarás consuelo a través de los sentidos, el espíritu y la degustación. Hoy, mi corazón aventurero que nunca descansa, está dispuesto nuevamente a desafiar y perturbar mis vacaciones, para emprender una noble tarea, indagar sobre el enigma musical que dejó un durazno.
Desde mi habitación de estudio, donde la vida no vale nada, he comenzado a realizar la noble y desinteresada misión de aprobar mi examen de literatura musical. Misma que fue encomendada por nuestra bien ponderada catedrática de la materia, a quien por fines prácticos, de protección y anonimato, será llamada como la Profesora G.
Me gustaría comenzar con el contexto de esta propuesta de trabajo final, pues resultó que en una de las sesiones con mi asesor de maestría, estuvimos discutiendo sobre varios aspectos del contenido principal de mi tema de investigación de música mexicana. Entre los pormenores que tratamos esa tarde, el asesor hizo un comentario que captó mucho mi atención, refiriéndose a dos obras significativas de dos compositores: Ecos de México de Julio Ituarte y Balada mexicana de Manuel M. Ponce. Más allá de un análisis armónico y estructural de las piezas, me he preguntado lo siguiente: ¿qué es lo que atrae al espectador al escuchar las obras? ¿Por qué la Balada mexicana es más reconocida y popular que Ecos de México, si esta última tiene más elementos folclóricos, ritmos y temas nacionales que la Balada?
Nacido en la Ciudad de México, Julio Ituarte (1845 – 1905) fue un prominente compositor y muy virtuoso pianista. Es considerado uno de los músicos más importantes del siglo XIX. Escribió zarzuelas, música religiosa, canciones para voz y piano, obras para coro, arreglos de melodías populares y transcripciones para piano de óperas de los compositores del momento. Existen algunos testimonios que hablan sobre el virtuosismo y capacidad interpretativa que poseía Ituarte. El pianista y musicólogo Ricardo Miranda, en un artículo para la Revista de la Universidad de México, cita el retrato que dejó por escrito Altamirano sobre el talentoso compositor:
Es un gimnasta del piano. Lo domina, lo enfurece, lo desenfrena, lo hace producir rugidos de león, estampidos de rayo, voces de tempestad en las selvas y luego… lo calma, lo entristece, lo hace sollozar, suspirar y repetir murmurios de fuente cristalina, gemidos de virgen enamorada, plegarias de dolor, arrullos de paloma y ruegos de amor apasionado. Ituarte tocando es el árbitro del alma, porque la subyuga como quiere. Él es muy joven, y por eso no dudamos que el país de la Peralta, de [Luis] Baca, y de [Melesio] Morales, llegue a honrarse con un rival de Liszt…[1]Ricardo Miranda. “Ecos de México… ecos por recuperar”. Revista de la Universidad de México, noviembre 2002., p. 83.
Me queda claro el más que agrado de Altamirano por Ituarte, este comentario nos indica, además de bastante crema en los tacos, que Ituarte era todo un músico consagrado, tanto del punto de vista interpretativo como compositivo. Un músico completo, que era consciente de las capacidades de su instrumento y las herramientas tanto técnicas como académicas para componer para el piano.[2]Ídem, p. 83. En su artículo, Ricardo Miranda elogia a Ituarte como el mejor pianista de aquel entonces; así mismo, Manuel M. Ponce lo cataloga como uno de los autores más importantes de México.
Ecos de México, es un capricho de concierto escrito para piano solo y publicado en el año de 1880. Teniendo en cuenta el lenguaje que se utiliza en las aulas de piano, esta pieza podría considerarse como una obra grande por su extensión y exigencias técnicas. Es una pieza que posee rasgos nacionalistas, pues Ituarte acostumbraba el uso de estos elementos en muchas de sus composiciones.
La primera vez que escuché Ecos de México fue en un reclutamiento de obras mexicanas que realicé a inicios del 2023 para estructurar un programa de piano solo y participar en el Festival Internacional Cervantino de ese mismo año. Esta pieza fue escuchada, estudiada, practicada e interpretada en esa edición del festival por quien suscribe. Desde el inicio me atrapó el, ya antes mencionado, virtuosismo pianístico, desarrollado hasta en los más simples aspectos de acompañamiento de la mano izquierda. Hubo instantes donde me arrepentía por no haber nacido en el mismo lugar de residencia de mi profesor de piano. Ramiro, mi maestro, fue quien me ayudó a trascender mis limitantes técnicas básicas, pues la demanda pianística para los pasajes brillantes de escalas, acordes y cantos melódicos predomina en toda la obra desde el inicio hasta el final. Así mismo, los recursos rítmicos y melódicos del folclor nacional son ampliamente ejemplificados en sus diversas partes de la obra.[3]Id., p. 83. Tal como lo expresa R. Miranda: “la obra lo convirtió en un pionero del nacionalismo porque esa obra está construida por una secuencia de sones harto conocidos arreglados a la Liszt”.
Ecos de México sigue siendo la obra más afamada de Julio Ituarte, comenta Ricardo Miranda, describiéndola de la siguiente manera:
Hay que oír Ecos de México para entender cómo es que dos características tan aparentemente dispares -el virtuosismo pianístico europeo y las melodías populares mexicanas- pueden fundirse para generar una obra única. Tras una introducción que promete una imitación de Liszt o Thalberg, las notas de un jarabe se asoman con todo desparpajo, seguidas de una y otra melodías muy conocidas. Cuando menos se piensa, Las mañanitas y El murciélago («en noche lóbrega, galán incógnito… «) ya se hicieron escuchar en medio de un despliegue que no es apto ni conveniente en cualquier intérprete. El final no es menos impresionante, pues el pianista es obligado a cantar como contrapunto una nueva evocación de Las mañanitas en medio de un pasaje ya de suyo complicado con los ritmos de El butaquito. Es un final digno de cualquier paráfrasis romántica, diseñado para espantar aficionados, desmayar señoritas y producir caras de asombro con monóculos caídos. Pero lo más singular de todo ello es que tal secuencia construida por Ituarte señala uno de los puntos de partida del llamado nacionalismo mexicano y uno de los iconos sonoros más logrados de su repertorio.[4] Ibíd., p. 84.
Nacionalismo musical, contrapuntos, virtuosismo europeo, danzas, melodías y ritmos regionales de México como Las mañanitas, El murciélago, El butaquito, así como otros jarabes y sones (probablemente son jarocho y tierra caliente en Michoacán) son algunos de los principales elementos utilizados y mezclados en esta obra. Una composición con un distinguido emblema nacional que pianísticamente resplandece, donde la esencia de México está muy marcada; pues el ADN del mexicano está más que presente en cada una de las estrofas y frases musicales que fueron seleccionadas y desarrolladas por Ituarte para esta pieza: Ecos de México, su más conocida composición.
Manuel M. Ponce (1882-1948) originario de Fresnillo, Zacatecas, fue uno de los compositores mexicanos de música para piano más importantes. Sus modelos de composición se vieron influenciados por la música romántica de Chopin, Liszt y Schumann, así como de otros modelos impresionistas.[5]Manuel M. Ponce. Wikipedia, la enciclopedia libre, febrero 2025, https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_M._Ponce En sus obras se ven reflejados un claro conocimiento y dominio del piano, explotando las posibilidades expresivas del instrumento, así como las etapas estilísticas en las que se divide su labor compositiva.
Compuesta para piano solo alrededor de 1910, la Balada mexicana es sin duda una de las obras más representativas de Ponce para el instrumento, sino es que la más reconocida.[6] Prefacio escrito por Paolo Mello para la Balada mexicana de Manuel M. Ponce, en la edición especial Clema Ponce, por la Universidad Autónoma de México, Escuela Nacional de Música, 2000. En mis años de formación adolescente y desparpajo musical, solía pensar, bien o malamente, que Ponce era como el Chopin mexicano, por su gran número de obras sentimentales, melancólicas y apasionadas para piano. Una década más tarde, tuve el atrevimiento de hacer este comentario, bien o malamente, en alguno de los conciertos que realizaba en Chopin Salon, ubicado en calle Smolna 14, Varsovia, mientras efectuaba mis estudios de postgrado de piano en Polonia. Aunque el repertorio más conocido internacionalmente de Ponce es el escrito para guitarra, me atrevo a decir que la mayoría de los pianistas mexicanos en algún momento de nuestra formación hemos tenido o tenemos gran interés de conocer y abordar su amplio repertorio.
En su discurso Una introducción a la música para piano de Manuel M. Ponce, Luis Gaytan nos desglosa la Balada mexicana de la siguiente manera:
La melodía principal proviene de la canción revolucionaria “El durazno”, tonada muy popular entre las tropas villistas, transcrita en la bemol mayor dentro de un contexto polifónico. Ocurre en medio del tema una trasformación métrica de 3/4 a 2/4, lo que remarca caracteres típicos de diversas danzas mexicanas. Luego del cierre de la primera sección aparecen una serie de episodios basados en variaciones del primer material. El segundo tema, un Andante en 4/4, proviene de la canción Acuérdate de mí, que Ponce ya había arreglado previamente para voz y piano. Dos episodios presentan el nuevo tema variado con notables gestos pianísticos acentuado en una sección más evolutiva, cuyo culmen es una hermosa progresión armónica de quintas. Se reexponen los primeros treinta compases de la pieza para desembocar en un transición de notas dobles en la mano derecha y octavas en el bajo. Ello resuelve en una grandiosa presentación del segundo tema de cualidad lisztiana, doblado en octavas, acordes y ornamentado con fragmentos de la escala cromática. La pieza termina con un pasaje-cadenza integrado de un descenso triunfal en octavas por todo el registro del instrumento.[7]Luis Gaytan. Una introducción a la música para piano de Manuel M. Ponce. Disertación de Doctorado en arte musicales. Luisiana State University, 2014. [8]Apud., Música en México. Balada mexicana para piano – Manuel M. Ponce, 2023, https://musicaenmexico.com.mx/balada-mexicana-piano-manuel-m-ponce/
El término balada ha sido bastante reconocido y ha obtenido adaptaciones con el pasar de los años. Aunque se asocia mucho con la poesía o la escritura, es en la música del romanticismo donde, y principalmente con Chopin, tiene su apogeo y se conforma como un estilo musical predominante, dotada de sonoridades grandes, historias románticas y heroicas que exaltan a través de la sonoridad el afamado romanticismo de la época.[9]Música en México. ¿Qué es una balada?, 2024, https://musicaenmexico.com.mx/musicomania/que-es-una-balada/ Pues bien, asociando y readaptando esta forma musical a lo mexicano, considero que podemos resumir el concepto del héroe en busca de una bella dama en un lago encantado, a la fusión de dos temas célebres de la época; Acuérdate de mí, atte. El durazno (considerando que el orden de los factores no altera el producto).
Ciertamente, Ecos de México tiene muchísima más variedad melódica en temas nacionales y algunas de ellas aún vigentes y populares como Las mañanitas, además de que su música es accesible de escuchar y asimilar para cualquiera que desee prestar su voluntad auditiva, pues posee una estructura armónica atractiva y cadenciosa, una brillante sonoridad y ágil virtuosismo. Como bien lo dijo el señor Miranda, bien tocada la paráfrasis romántica de esta obra, hace que las señoritas se desmayen. Utiliza ritmos y danzas ya conocidas que en su contexto original, ponen a zapatear a cualquiera con el deseo de mover un rato los pies. En lo que respecta a símbolos nacionales, considero que Ecos de México sustenta más elementos. Sin embargo, esto a su vez puede considerarse también una desventaja y una de las razones por las cuales no haya detonado su fama hasta hoy en día como lo tiene la Balada mexicana.
Considero que el arte y la música están intrínsecamente relacionados con su cultura y su región. El compositor, en este caso, siempre se verá influenciado por estos elementos; las ciudades, los pueblos, las montañas, los bosques, los mares, etc. La obra de Ituarte, al estar impregnada de temas tan populares, contiene melodías que en su ambiente original son interpretadas en fandangos mexicanos, en fiestas del pueblo, en los ranchos, en el campo, con otro tipo de instrumentación que producen sensaciones y sonidos únicos, particulares de estas regiones. Esto ha sido, probablemente, el elemento crucial para resolver las preguntas propuestas para esta labor. Extraer estos temas tan populares y adaptarlos de una manera académica a un solo instrumento, como el piano, ajeno a esta cultura musical de los ranchos y fandangos, es una tarea compleja, pues, a pesar de haber sido excelsa, en muchas ocasiones difícilmente la música se logra desligar de su origen y su contexto, a causa del peso de su raíz. Dicho de otra forma, como lo decían mis abuelos; podrás salir del rancho pero el rancho nunca podrá salir de ti.[10]Léase con acento de la localidad del Tejocote de Calera, Yuriria, Guanajuato, sustituyendo ligeramente la pronunciación de la letra “o” por la letra “u” en la palabra rancho.
El poder del durazno. ¿Quién no ha sucumbido alguna vez ante la atracción y tentación de morder un durazno? El durazno, suave en su caricia, dulce en el paladar, es un fruto oriundo de China que llegó a México durante la Conquista. Este afelpado fruto es de más o menos 5 y 7.5 cm de diámetro, normalmente de color amarillo con gamas rojizas en las partes expuestas al sol.[11] Durazno, una suave caricia al paladar. Gobierno de México, servicio de información agroalimentaria y pesquera, febrero 2025, https://www.gob.mx/siap/articulos/durazno-una-suave-caricia-al-paladar?idiom=es Su característica distintiva es que está aterciopelado y posee una única semilla. ¿Exquisito no? Ni siquiera Ponce pudo resistirse a la delicia del durazno, pues este es el tema principal en su Balada mexicana. Curiosamente y contrastante con Ecos de México, Ponce aborda solamente dos temas, sin embargo, quiero remarcar algunos aspectos de apoyo. Para cuando Ituarte compuso Ecos de México, él ya era un compositor consagrado que posiblemente atravesaba una edad madura en su estilo, probablemente el inicio de su última etapa compositiva y para cuando Ponce escribía su durazno, aún se encontraba en su etapa de juventud y desarrollaba aún una escritura romántica. La influencia de época que ellos recibieron, más allá del contexto social de México, fue muy diversa, pues el estilo de Ituarte aún conserva ciertos rasgos propios del clasicismo, aunque con nuevas tendencias, pero Ponce se vio envuelto más a profundidad en el estilo romántico, con el uso de nuevas armonías y formas musicales.
Valoro de forma muy significativa el uso y desarrollo de las melodías que la Balada mexicana propone. Considero que la amalgama musical entre el folclor y lo académico está desenvuelta de una forma muy particular, que realza elementos únicos y atractivos para esta obra. Más allá del movimiento de emociones y pasiones que la melodía, armonías y letras del durazno pueden evocar (“me he de comer un durazno desde la ráiz (sic) hasta el hueso…”)[12]Texto extraído del libro El folklore y la música mexicana de Rubén M. Campos. Secretaría de Educación Pública, Talleres gráficos de la nación. México, 1928, p. 244. Lo interesante para desenlazar con este dilema, es cómo con poco se realizó mucho. A diferencia de Ecos de México, que burdamente podría exponerlo como un copiar, pegar y puente musical al siguiente tema, es en la Balada mexicana donde pervive la total esencia de un tema popular y la mezcolanza a un instrumento ajeno al contexto original de la canción; los elementos del folclor son muy bien combinados con el virtuosismo de la academia; no acopla muchos elementos, sino que se enfoca a desarrollar sólo algunos.
Finalmente, no se debe olvidar que las obras musicales son como las personalidades, hay gran variedad y afinidades. Comparado con las personas, ambas obras son mexicanas, cada una con rasgos y características muy específicas, aunque ambas estén basadas en el folclore mexicano. Sin embargo, y muy a mi consideración, el punto clave para el reconocimiento de la Balada mexicana es un durazno, pues al igual que en el amor no se trata del cómo sino del cuándo. Ponce es prueba de esto, ya que cuando se le atravesó un melocotón por su cabeza, tal vez pensó lo que muchos hemos pensado en esa situación; ¿Quién puede resistirse al poderoso sabor de un durazno, tan sólo una mordidita? No cabe duda de que la música es un deleite para el espíritu y el durazno, un deleite para el paladar. Esto logró armonizar Ponce, pues definitivamente, con sus notas musicales él sembró un hueso de durazno en el espíritu de todo aquel que lo interpreta y lo escucha.
Referencias
| ↑1 | Ricardo Miranda. “Ecos de México… ecos por recuperar”. Revista de la Universidad de México, noviembre 2002., p. 83. |
|---|---|
| ↑2 | Ídem, p. 83. En su artículo, Ricardo Miranda elogia a Ituarte como el mejor pianista de aquel entonces; así mismo, Manuel M. Ponce lo cataloga como uno de los autores más importantes de México. |
| ↑3 | Id., p. 83. Tal como lo expresa R. Miranda: “la obra lo convirtió en un pionero del nacionalismo porque esa obra está construida por una secuencia de sones harto conocidos arreglados a la Liszt”. |
| ↑4 | Ibíd., p. 84. |
| ↑5 | Manuel M. Ponce. Wikipedia, la enciclopedia libre, febrero 2025, https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_M._Ponce |
| ↑6 | Prefacio escrito por Paolo Mello para la Balada mexicana de Manuel M. Ponce, en la edición especial Clema Ponce, por la Universidad Autónoma de México, Escuela Nacional de Música, 2000. |
| ↑7 | Luis Gaytan. Una introducción a la música para piano de Manuel M. Ponce. Disertación de Doctorado en arte musicales. Luisiana State University, 2014. |
| ↑8 | Apud., Música en México. Balada mexicana para piano – Manuel M. Ponce, 2023, https://musicaenmexico.com.mx/balada-mexicana-piano-manuel-m-ponce/ |
| ↑9 | Música en México. ¿Qué es una balada?, 2024, https://musicaenmexico.com.mx/musicomania/que-es-una-balada/ |
| ↑10 | Léase con acento de la localidad del Tejocote de Calera, Yuriria, Guanajuato, sustituyendo ligeramente la pronunciación de la letra “o” por la letra “u” en la palabra rancho. |
| ↑11 | Durazno, una suave caricia al paladar. Gobierno de México, servicio de información agroalimentaria y pesquera, febrero 2025, https://www.gob.mx/siap/articulos/durazno-una-suave-caricia-al-paladar?idiom=es |
| ↑12 | Texto extraído del libro El folklore y la música mexicana de Rubén M. Campos. Secretaría de Educación Pública, Talleres gráficos de la nación. México, 1928, p. 244. |




