Bruce Springsteen: Música de ninguna parte

Cooper, S. (Director). (2025). Springsteen: música de ninguna parte [Springsteen: Deliver Me from Nowhere] [Película]. 20th Century Studios.

Entre diciembre de 1957 y enero de 1958, Charles Raymond Starkweather y su novia, Caril Ann Fugate, de apenas 14 años, cometieron de manera impulsiva una serie de crímenes horrendos, dejando un rastro de once personas asesinadas, de edades variadas, entre los caminos rurales de Nebraska y Wyoming.

La cadena de muerte y desolación provocada por la joven pareja causó tal impacto en la sociedad norteamericana que su historia serviría de inspiración para numerosos proyectos de la cultura popular, incluyendo novelas, cómics y Badlands (1973), ópera prima del director Terrence Malick.

Años después, Bruce Springsteen lanzaría el que hasta entonces sería su proyecto más ambicioso: el álbum doble The River (1980), un éxito de ventas y de crítica que finalmente catapultaría la carrera del hijo favorito de Nueva Jersey.

Tras ese impulso, Springsteen haría una pausa en el frenesí de giras, fans y grabaciones de una carrera cada vez más ascendente. Un tanto apartado de los reflectores, pero dubitativo y profundamente deprimido, encontraría una inesperada fuente de inspiración en la transmisión televisiva de Badlands.

A partir de ese momento, Springsteen empieza a recopilar información y a obsesionarse con el caso criminal que inspiró la película de Malick.

Utilizando únicamente una grabadora portátil, y armado con una guitarra, una armónica y un amigo que servía como ingeniero de sonido, nacería Nebraska 82.

A partir de esta narrativa, la película resulta una recomendación especialmente atractiva para quienes buscan algo más que el retrato triunfal de una estrella de rock. La historia transcurre entre recuerdos familiares de un padre alcohólico y abusivo, la frágil relación del cantante con una camarera, la búsqueda de inspiración en la habitación de una casa de campo alquilada y la presión de la disquera por lanzar un nuevo hit. Springsteen se refugia así en lo más recóndito de su talento creativo para dar forma al que sería su disco más desolado, crudo y oscuro.

De hecho, quizá sin proponérselo directamente, y dada la talla y fama del cantante, lo más interesante de la película es ir descubriendo que no se necesita tanta parafernalia musical ni tecnológica para crear una obra maestra del folk-rock intimista.

Incluso, Nebraska se adelantaría a lo que en las décadas de los ochenta y noventa se convertiría en una tendencia cada vez más socorrida: el formato unplugged, o “desenchufado” de la estridencia eléctrica.

Pero lo más importante es que Nebraska también puede leerse como una piedra angular para muchos intérpretes y proyectos lo-fi, como Cowboy Junkies o Cat Power, así como para distintas vertientes del rock alternativo de raíces folk y country, asociadas a nombres como Bill Callahan o Bonnie “Prince” Billy.

Música de ninguna parte sigue la tendencia de Hollywood de desempolvar el formato del biopic y, aunque de manera un tanto dispareja, logra registrar la complejidad del proceso artístico. Aunque, por momentos, el uso reiterativo del flashback en blanco y negro se vuelve estorboso para la narrativa central, el corazón de la película está en otro lugar: en el arduo proceso creativo del artista, el estira y afloja con su mánager Jon Landau y con Columbia, su discográfica, así como en la forma en que los demonios internos e insospechados de alguien que, dentro del imaginario del rock estadounidense, suele percibirse como una figura bastante convencional, se convierten en una olla de vapor que terminará dando forma a lo que para muchos es su mejor disco.

No es esta la primera vez que la figura de Springsteen se ha llevado al cine, ni tampoco la primera en la que su música roza de cerca la ficción cinematográfica. Poco tiempo después de la grabación de Nebraska, Paul Schrader, guionista de Toro salvaje y Taxi Driver, filmaría una fallida y demasiado complaciente película semibiográfica protagonizada por Michael J. Fox —poco después de Volver al futuro— y la guitarrista punk Joan Jett.

Asombrosamente, Schrader había imaginado que su historia podría ser interpretada por el propio Springsteen y… ¡Robert De Niro! El dato no termina ahí: dicha película iba a llamarse Born in the USA, aunque finalmente se tituló Light of Day y se estrenó, sin pena ni gloria, en 1987.

En cambio, Springsteen tomaría el título inicial de Schrader para nombrar el que sería su trabajo más famoso e incomprendido: Born in the U.S.A. (Columbia, 1984), uno de los discos más repudiados y reivindicados por ciertos sectores de la crítica rockera. Pero esa es otra historia. Una que, probablemente en unos años, el cine norteamericano, tan falto de ideas novedosas, se atreva a filmar.

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