Dossier
Este número de Sonus contiene nuestro primer dossier y es un regocijo —cuando menos personal— que esté dedicado a textos propuestos por los estudiantes de la Maestría en Interpretación de Música Mexicana de Concierto (generaciones 2023-2025; 2024-2026) del CNM. Como docente de diversas maestrías y posgrados en música de nuestro país he percibido un común denominador en mis estudiantes: el amor por la música suele ser proporcionalmente inverso al amor por la escritura.
No son pocas las clases que invertimos en discutir y dialogar el por qué, pese a sus destacadas habilidades para la interpretación, su trabajo para la obtención de grado tendrá más letras y notas al pie que pentagramas y notas musicales. Quizá, otro número de Sonus podría atestiguar parte de esas —a veces acaloradas— discusiones; en éste, la intención es compartir con nuestras lectoras y lectores algunos de los frutos que han dado esas charlas y, quizá de manera tácita, poner en relieve la importancia de que los intérpretes suelten el arco, la baqueta, la tecla (del piano)… y tomen la pluma.
El dossier busca, pues, dar voz a esas inquietudes, a esos trazos que culminan en investigaciones artísticas. Los textos que lo conforman son el fruto de dos seminarios distintos y que dictan las pautas temáticas. Los primeros textos están dedicados a la importancia de las fuentes (ediciones, manuscritos, partituras) en la música mexicana de concierto, desde la época virreinal hasta nuestros días. Los segundos corresponden a un cuestionamiento que, hoy como nunca —me atrevo a pensar—, inquieta a nuestras prácticas docentes y nuestra enseñanza musical: ¿La pedagogía musical, la pedagogía instrumental tiene hoy perspectiva de género? El segundo eje temático parte de una reflexión sobre el libro Música, género y educación de Lucy Green. Las reflexiones parten de las similitudes, concordancias y ecos que pueden encontrar estudiantes mexicanos a 28 años de la publicación de un texto dedicado a la educación musical y la perspectiva de género en un momento y geografía disímiles a la de ellos.
El dossier hace su obertrua con El poder de un durazno de Braulio Alcaraz. El autor aborda un tema quizá ampliamente discutido en la musicología mexicana, pero que siempre podrá darnos de qué hablar: la forma en que los compositores nacionalistas se apropiaron de ciertas cancioncillas para “revestirlas” de formas europeas. Alcaraz pone en contraste la variedad de temas populares que aparecen en obras como Ecos de México de Julio Ituarte y la predilección de Ponce por el tema revolucionario El durazno. Alcaraz señala también cómo es que estos compositores dialogaron con los estilo propios de la tradición europea como el clasicismo o el romanticismo generando un sincretismo en temas muy populares como Las mañanitas o El murciélago.
Uri Vargas Castillo nos lo dice todo con el título: Eduardo Angulo y su obra para guitarra. La música de un compositor poblano que no se interpreta en Puebla. La situación de Angulo es, en realidad, afín a muchas y muchos compositores mexicanos y permite poner en relieve la problemática compartida: poco hemos interpretado la música mexicana de concierto desde la época colonial hasta el presente y, hoy, seguimos luchando por tener nichos de especialistas en los diferentes estilos, géneros y repertorios propios de nuestro país. El caso de Angulo es, en este sentido, notable.
Vargas Castillo se concentra en un caso en específico: la música para guitarra del compositor. Según el autor, la música de Angulo pensada para el cordófono, “se caracteriza por integrar de una manera creativa elementos de la música tradicional mexicana con elementos de la música europea. Además, la interpretación de esta música requiere de un alto nivel técnico.” Por si fuera poco, existe una particular disponibilidad de las fuentes y acceso a ellas, con ediciones idiomáticamente bien trabajadas (aunque publicadas fuera de México) ¿Entonces? La poca conciencia que hemos hecho sobre el repertorio termina por redondear las ideas de Vargas Castillo.
El siguiente texto, Catálogo de vicisitudes compositor-intérprete y la joven vida de la guitarra clásica mexicana: Hacia un hábito de preservación de fuentes, de Luis Benítez Alba comienza con una interesante provocación al lector o lectora, o cuando menos, a la maestra que ha pedido una reflexión sobre las fuentes, dejaré a la lectora o lector llegar por sí mismo a ella). Benítez Alba va desmenuzando las complicaciones que puede tener un intérprete contemporáneo para llegar a las fuentes de música mexicana, en esta caso, también dedicadas a la guitarra. El punto de partida de Benítez Alba es, en realidad, cuestionar si, en principio, los intérpretes se preguntan algo sobre la partitura qué tienen enfrente.
A partir de ahí, el autor revisa las condiciones de resguardo y de accesibilidad que tienen algunas de las fuentes ya canónicas sobre el instrumento como la Explicación para tocar la guitarra de punteado por música o cifra, y reglas útiles para acompañar con ella la parte del bajo” de Juan Antonio de Vargas y Guzmán o algunas obras de Manuel M. Ponce. Recomiendo llegar al final del artículo para descubrir entonces, si a pesar de las vicisitudes para llegar a las fuentes, el intérprete debería hoy preguntarse por todo lo que hay detrás de una partitura bien, o mal, editada.
Javier Hernández Tagle con El espacio en blanco y la interpretación anacrónicamente informada juega con el tiempo: aquel en que la partitura debió ser compuesta; aquel tiempo fortuito, variado e incalculable en el que un intérprete puede encontrarse con una partitura; y con el tiempo, la época que tratamos de entender cuando nos encontramos con obras que no pertenecen a la nuestra. ¿Cómo nos enteramos de lo que una interpretación “históricamente informada” debe hacer cuando solo tenemos una edición moderna? Situación común cuando hablamos de música mexicana del periodo virreinal. Así pues, Hernández Tagle nos invita a “volvernos escépticos con la edición de la obra que tenemos enfrente” e ir en la búsqueda, “no solo de las fuentes primarias, sino de otras fuentes que puedan arrojar información valiosa para forjar nuestros criterios interpretativos.”
Los tres textos restantes abordan el otro eje temático: ¿qué reflexiones tienen hoy nuestros estudiantes sobre la Música, el género y la educación (Lucy Green, 1997). El primer texto, Escuchando el silencio, es una excepción académica. Daniela Ferreria, la autora del ensayo, no pertenece al programa de maestría del CNM: estudia aún la licencituara en viola en la misma institución. Ferreiera se ha sumado al entusiasmo por dejar un momento el arco y tomar la pluma. La juventud de la autora hace más notorio el hecho de que ciertos sesgos de la música, señalados por Green ya desde 1997, no hayan perdido vigencia hoy día. Inmersa en el contexto que le es propio, el de una joven mexicana estudiante de música en un nivel superior, Ferreira señala que la selección del instrumento musical, la decisión de tocar ciertas obras, sigue atendiendo a prejuicios de género o roles establecidos por el sistema patriarcal. La incredulidad de sus pares para entender el señalamiento o creer en él, toma distancia con el momento descrito por Green, pero, a su vez, genera un espejismo, un falso panorama donde se asume un universo educativo más incluyente y equitativo de lo que, en realidad, es.
Apelar al humor siempre será una buena forma de ser críticos; desde ahí, Lluvia Sánchez nos hace una propuesta clara: ¡Deje de ser mujer y conviértase en un buen músico! Sánchez, violinista originaria de Durango, nos comparte las experiencias que ha tenido en su formación y la manera en que hoy percibe los roles de género, los mandatos de feminidad y masculinidad en diversas escenas y escenarios. Las conclusiones siguen siendo una invitación a que como docentes e intérpretes y músicas y músicos en general tengamos una postura crítica ante la forma en que ejercemos nuestra profesión y las implicaciones de género que siguen normando muchos ejes de nuestro quehacer musical
Nuestro dossier cierra con una interrogante mítica: Las guitarristas mexicanas en el s. XIX: ¿Un mito en la historia de la música de nuestro país? El texto de Jeorgina Tavira pone los puntos sobre la íes para el pasado como para el presente. La investigación documental de Tavira demuestra que pese al desarrollo e impulso que tuvo la formación musical de las mujeres en nuestro país a partir del siglo XIX, la relación con la guitarra se antoja ajena. Existen fuentes que permiten vislumbrar que las “señoritas” del siglo XIX pudieron tener una formación guitarrística con finalidades semejantes a las que tuvo la enseñanza del piano; en adición, la relación parece rastrearse hasta la época colonial. Sin embargo, las fuentes no arrojan información contundente como la de otros espacios geográficos que dejan ver una “profesionalización” de mujeres guitarristas. El punto culminante del texto es señalar, no solo lo sucedido en el pasado, sino saber que en el presente sigue pareciendo un mito la presencia de guitarristas mexicanas desde el ámbito profesional, educativo y escénico. La investigación sobre la música mexicana de concierto, por un lado, y las reflexiones de género en la educación musical, por el otro, han sido el objetivo de estos textos. Sin poder referirlo como un pretexto dada la trascendencia de los ejes temáticos, la intención última del dossier es motivar a los intérpretes a tomar la pluma y reflexionar sobre investigaciones que de manera tácita o inconsciente realizan cotidianamente en su quehacer musical. La intención, pues, es hacer de ese ejercicio individual y silencioso, un diálogo colectivo, que puede leerse en voz alta.



