Revista publicada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura | Julio – Septiembre 1997
Dirección: Mario Lavista
Esta entrega 63 prolonga el homenaje a Johannes Brahms (1833-1897) por su centenario luctuoso. Formidable constructor de formas, de nobleza bachiana, fuerza expresiva beethoveniana e inspiración lírica mozartiana, Brahms cierra el siglo XIX de manera monumental. Como observa Alberto Ginastera, en el artículo recogido en este número, el ciclo de cuatro sinfonías bastaría para asegurarle a Brahms un lugar preeminente en la historia de la música. Pero también se lo aseguraría su magnífica música de cámara —sonatas, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos—, sus conciertos, su Requiem alemán, sus lieder, sus abundantes piezas para piano – p o r ejemplo, esos Intermezzi que alcanzan intimidad y ahondamiento extraordinarios-. Parece superada la época en que un sector de la crítica, al que perteneció el agudísimo y wagnerófilo George Bernard Shaw, ponía en duda el valor de Brahms.
Hoy, si acaso, llega uno a encontrarse con oyentes a los que no les gusta Brahms – l o cual es tan legítimo, y discutible, como no gustar del mole- o con algún cronista de sociales que advierte que Brahms no lo conmueve y, a falta de bellezas brahmsianas en el Concierto para piano núm. 2, se dedica a buscarlas en las que fueron a escucharlo con elegantes vestidos, muy a la moda. Ya se sabe que la emoción no puede medirse en decibeles, pero si así fuera, la más alta intensidad alcanzarían creemos algunos, el tercer movimiento de ese Segundo Concierto –con pasajes cantabile para tres de los instrumentos más amados por Brahms: el cello, el clarinete, el piano-, el inicio, a latido de timbales, de la Sinfonía núm. 1 y tantas páginas memorables del hermoso y grueso hombre que frecuentaba el Café del Erizo Rojo. Con mejor puntería que Shaw y otros de sus detractores ejercía la crítica a Bn~hms el propio Brahms, dando muestras de una humildad y un rigor que alcanzan los límites de lo patológico (véase «Lección de música»).
Culminación de toda la tradición clásica y romántica, Brahms no tiene posible continuación ni ejerció mayor influencia. Por eso nos ha parecido interesante incluir anécdotas de Brahms con dos de los fundadores de la música del siglo XX: Debussy y Mahler.
Los ensayos de Jonathan Kramer y Josep Soler exploran y discuten precisamente esa fascinante problemática general: la de la convivencia y la renovación de formas y lenguajes en grandes compositores de este siglo como Ives, Nielsen, Mahler. Debussy, Stravinsky, Schoenberg, Weberri, Berg o Shostakovich.
Luis Ignacio Helguera
Pauta 63
Presentación
Jonathan D. Kramer Música y postmodernismo
Guillermo Landa
Armonía de tercera menor
Josep Soler
Viejas formas en un nuevo lenguaje
Concha Urquiza
Dos poemas
DOSSIER BRAHMS
Juan María Solare
Brahms era chileno
George Bernard Shaw
Notas sobre Brahms
H. L. Mencken Brahms
Juan María Solare
Brahms y Mahler
Edward Lockspeiser Brahms y Debussy
Luis Herrera de la Fuente
Cuarta Sinfonía de Brahms
Joaquín Gutiérrez Heras
Brahms: Sinfonía 4
Alberto Ginastera
Las sinfonías de Brahms
NOTAS SIN MÚSICA
Gracielá Paraskevaídis
Libros
Juan Arturo Brennan
La Musa Inepta
Juan Arturo Brcnnan
Tercera de forros
Lección de música
por Johanncs Brahms
Pautas de Antonio Sierra