Sonus 12

Editorial
por Marusia Pola Mayorga
En esta nueva edición de Sonus Litterarum presentamos un número que celebra la vitalidad y diversidad de los tránsitos artísticos que conforman nuestra comunidad sonora. La selección de textos aquí reunidos refleja las múltiples formas en que la práctica musical, la reflexión crítica y la investigación se entrelazan y dialogan en nuestro entorno. Destaca, además, la inclusión, por vez primera, del dossier del Conservatorio Nacional. conformado por textos de jóvenes investigadores en formación, un espacio concebido para acoger y acompañar las voces emergentes que comienzan a delinear sus propios caminos dentro de la investigación musical.
En la sección de Investigación, las y los autores nos invitan a recorrer distintas cartografías del pensamiento musical contemporáneo. La creación de la persona musical académica, de Nerina Vopluntonyte, reflexiona sobre los procesos estratégicos que están presentes en el desarrollo de una persona musical en el mundo profesional de la música de arte occidental. La etnomusicóloga, Aurora Oliva, en Las morras también cantan, nos recuerda que la potencia política y afectiva de las voces femeninas no solo interpela la historia, sino que la reescribe con una vitalidad urgente. Jorge Torres Sáenz nos conduce hacia El espacio sensible en la música orquestal, un ensayo donde la textura sonora nos revela cómo las metamorfosis del arte orquestal fueron impulsadas por las transformaciones sociales y arquitectónicas del siglo XIX. En la Obra pianística de Silvestre Revueltas, nuestro editor, Luis Jaime Cortéz, nos invita a redescubrir la música de Silvestre Revueltas a través de la primera edición integral de sus obras para piano, 32 partituras, en su mayoría inéditas, que formarán parte del repositorio de Sonus Litterarum en colaboración con el CENIDIM y el INBAL. En su texto, el autor revela una faceta temprana del compositor y destaca la relevancia de estas piezas para comprender la transición del romanticismo mexicano al nacionalismo, así como los criterios que guiaron la elaboración de la edición crítica. Por su parte, Iván Adriano en La Guitarra de Stefano Scodanibbio, nos presenta a una figura clave de la música contemporánea, Stefano Scodanibbio, contrabajista, compositor y promotor de su tiempo, que dejó una huella profunda no sólo por su virtuosismo instrumental, sino por replantear el paradigma sonoro desde la materialidad misma del instrumento, otorgando a la guitarra un papel central.
En la sección de Columnas, Ruben López Cano propone una Revisión performativa de la persona musical, en una dinámica reflexión que nos interpela sobre los modos en que la persona musical es entendida como identidad artística y escénica al mismo tiempo que se construye en diálogo con las audiencias y se expande más allá del escenario hacia una red mediática donde la autorrepresentación se vuelve continua y múltiple. En esta nueva ecología, los géneros ya no delimitan las personae musicales: son las audiencias, las industrias culturales y las dinámicas del fandom quienes, a través de interpretaciones cambiantes, configuran identidades cada vez más flexibles, inestables y compartidas. A su vez, Álvaro Bitrán, en Les fleurs du mal y Noche de Bach, despliega con un guiño entre ironía y humor, las “vicisitudes” que acompañan a los intérpretes ante la vetusta tradición de la “entrega de flores” post concierto, y esos pequeños pecadillos que solo un músico de su talla puede permitirse al dejar que el gesto sonoro se desborde, por puro placer lúdico.
En este número presentamos un primer dossier de textos de jóvenes investigadores, realizado en colaboración con el Conservatorio Nacional de Música y coordinado por la musicóloga Gladys Andrea Zamora Pineda. Entre sus aportes destacan temas como la relevancia y las complejidades que implica trabajar con múltiples fuentes y registros musicales, subrayando la importancia de mantener una mirada crítica frente a ellos; el empleo ingenioso de un durazno como metáfora para pensar las jerarquías y valores estructurales del repertorio pianístico mexicano; la influencia de las guitarristas mexicanas del siglo XIX en la formación musical y la vida artística profesional; los prejuicios que aún atraviesan las escenas musicales nacionales frente a las mujeres y la música; y la figura de Eduardo Angulo, cuya obra resulta esencial en la consolidación del repertorio guitarrístico mexicano, entre otros enfoques igualmente reveladores. Esperamos que esta colaboración inaugure una relación duradera entre algunas de las instituciones de educación musical más importantes del país y que abra un espacio donde las y los jóvenes en formación puedan aventurarse en sus primeras publicaciones y exploraciones académicas.
Para terminar, en Reseñas, Aquiles Lázaro celebra una década del festival Aires y nos presenta una breve retrospectiva crítica del festival que, desde 2016, se ha consolidado como un espacio fundamental para la creación y la reflexión en torno a la composición musical nacional. En nuestra sección de obituarios, Emmanuel Pool nos ofrece un sentido homenaje dedicado a la gran Lourdes Ambriz, cuya voz seguirá resonando en la memoria de quienes la escuchamos.
Invitamos a nuestras lectoras y lectores a adentrarse en los textos que conforman esta edición y a compartir con nosotros sus reflexiones, experiencias y miradas, contribuyendo así al diálogo colectivo que da vida a nuestro entramado sonoro.
Índice
Conservatorio Nacional
Dossier
Los que tocan escriben
Gladyz Zamora
Este número de Sonus contiene nuestro primer dossier y es un regocijo —cuando menos personal— que esté dedicado a textos propuestos por los estudiantes de la Maestría en Interpretación de Música Mexicana de Concierto (generaciones 2023-2025; 2024-2026) del CNM. Como docente de diversas maestrías y posgrados en música de nuestro país he percibido un común denominador en mis estudiantes: el amor por la música suele ser proporcionalmente inverso al amor por la escritura.
No son pocas las clases que invertimos en discutir y dialogar el por qué, pese a sus destacadas habilidades para la interpretación, su trabajo para la obtención de grado tendrá más letras y notas al pie que pentagramas y notas musicales. Quizá, otro número de Sonus podría atestiguar parte de esas —a veces acaloradas— discusiones; en éste, la intención es compartir con nuestras lectoras y lectores algunos de los frutos que han dado esas charlas y, quizá de manera tácita, poner en relieve la importancia de que los intérpretes suelten el arco, la baqueta, la tecla (del piano)… y tomen la pluma.
El dossier busca, pues, dar voz a esas inquietudes, a esos trazos que culminan en investigaciones artísticas. Los textos que lo conforman son el fruto de dos seminarios distintos y que dictan las pautas temáticas. Los primeros textos están dedicados a la importancia de las fuentes (ediciones, manuscritos, partituras) en la música mexicana de concierto, desde la época virreinal hasta nuestros días. Los segundos corresponden a un cuestionamiento que, hoy como nunca —me atrevo a pensar—, inquieta a nuestras prácticas docentes y nuestra enseñanza musical: ¿La pedagogía musical, la pedagogía instrumental tiene hoy perspectiva de género? El segundo eje temático parte de una reflexión sobre el libro Música, género y educación de Lucy Green. Las reflexiones parten de las similitudes, concordancias y ecos que pueden encontrar estudiantes mexicanos a 28 años de la publicación de un texto dedicado a la educación musical y la perspectiva de género en un momento y geografía disímiles a la de ellos.
El dossier hace su obertrua con El poder de un durazno de Braulio Alcaraz. El autor aborda un tema quizá ampliamente discutido en la musicología mexicana, pero que siempre podrá darnos de qué hablar: la forma en que los compositores nacionalistas se apropiaron de ciertas cancioncillas para “revestirlas” de formas europeas. Alcaraz pone en contraste la variedad de temas populares que aparecen en obras como Ecos de México de Julio Ituarte y la predilección de Ponce por el tema revolucionario El durazno. Alcaraz señala también cómo es que estos compositores dialogaron con los estilo propios de la tradición europea como el clasicismo o el romanticismo generando un sincretismo en temas muy populares como Las mañanitas o El murciélago.
Uri Vargas Castillo nos lo dice todo con el título: Eduardo Angulo y su obra para guitarra. La música de un compositor poblano que no se interpreta en Puebla. La situación de Angulo es, en realidad, afín a muchas y muchos compositores mexicanos y permite poner en relieve la problemática compartida: poco hemos interpretado la música mexicana de concierto desde la época colonial hasta el presente y, hoy, seguimos luchando por tener nichos de especialistas en los diferentes estilos, géneros y repertorios propios de nuestro país. El caso de Angulo es, en este sentido, notable.
Vargas Castillo se concentra en un caso en específico: la música para guitarra del compositor. Según el autor, la música de Angulo pensada para el cordófono, “se caracteriza por integrar de una manera creativa elementos de la música tradicional mexicana con elementos de la música europea. Además, la interpretación de esta música requiere de un alto nivel técnico.” Por si fuera poco, existe una particular disponibilidad de las fuentes y acceso a ellas, con ediciones idiomáticamente bien trabajadas (aunque publicadas fuera de México) ¿Entonces? La poca conciencia que hemos hecho sobre el repertorio termina por redondear las ideas de Vargas Castillo.
El siguiente texto, Catálogo de vicisitudes compositor-intérprete y la joven vida de la guitarra clásica mexicana: Hacia un hábito de preservación de fuentes, de Luis Benítez Alba comienza con una interesante provocación al lector o lectora, o cuando menos, a la maestra que ha pedido una reflexión sobre las fuentes, dejaré a la lectora o lector llegar por sí mismo a ella). Benítez Alba va desmenuzando las complicaciones que puede tener un intérprete contemporáneo para llegar a las fuentes de música mexicana, en esta caso, también dedicadas a la guitarra. El punto de partida de Benítez Alba es, en realidad, cuestionar si, en principio, los intérpretes se preguntan algo sobre la partitura qué tienen enfrente.
A partir de ahí, el autor revisa las condiciones de resguardo y de accesibilidad que tienen algunas de las fuentes ya canónicas sobre el instrumento como la Explicación para tocar la guitarra de punteado por música o cifra, y reglas útiles para acompañar con ella la parte del bajo” de Juan Antonio de Vargas y Guzmán o algunas obras de Manuel M. Ponce. Recomiendo llegar al final del artículo para descubrir entonces, si a pesar de las vicisitudes para llegar a las fuentes, el intérprete debería hoy preguntarse por todo lo que hay detrás de una partitura bien, o mal, editada.
Javier Hernández Tagle con El espacio en blanco y la interpretación anacrónicamente informada juega con el tiempo: aquel en que la partitura debió ser compuesta; aquel tiempo fortuito, variado e incalculable en el que un intérprete puede encontrarse con una partitura; y con el tiempo, la época que tratamos de entender cuando nos encontramos con obras que no pertenecen a la nuestra. ¿Cómo nos enteramos de lo que una interpretación “históricamente informada” debe hacer cuando solo tenemos una edición moderna? Situación común cuando hablamos de música mexicana del periodo virreinal. Así pues, Hernández Tagle nos invita a “volvernos escépticos con la edición de la obra que tenemos enfrente” e ir en la búsqueda, “no solo de las fuentes primarias, sino de otras fuentes que puedan arrojar información valiosa para forjar nuestros criterios interpretativos.”
Los tres textos restantes abordan el otro eje temático: ¿qué reflexiones tienen hoy nuestros estudiantes sobre la Música, el género y la educación (Lucy Green, 1997). El primer texto, Escuchando el silencio, es una excepción académica. Daniela Ferreria, la autora del ensayo, no pertenece al programa de maestría del CNM: estudia aún la licencituara en viola en la misma institución. Ferreiera se ha sumado al entusiasmo por dejar un momento el arco y tomar la pluma. La juventud de la autora hace más notorio el hecho de que ciertos sesgos de la música, señalados por Green ya desde 1997, no hayan perdido vigencia hoy día. Inmersa en el contexto que le es propio, el de una joven mexicana estudiante de música en un nivel superior, Ferreira señala que la selección del instrumento musical, la decisión de tocar ciertas obras, sigue atendiendo a prejuicios de género o roles establecidos por el sistema patriarcal. La incredulidad de sus pares para entender el señalamiento o creer en él, toma distancia con el momento descrito por Green, pero, a su vez, genera un espejismo, un falso panorama donde se asume un universo educativo más incluyente y equitativo de lo que, en realidad, es.
Apelar al humor siempre será una buena forma de ser críticos; desde ahí, Lluvia Sánchez nos hace una propuesta clara: ¡Deje de ser mujer y conviértase en un buen músico! Sánchez, violinista originaria de Durango, nos comparte las experiencias que ha tenido en su formación y la manera en que hoy percibe los roles de género, los mandatos de feminidad y masculinidad en diversas escenas y escenarios. Las conclusiones siguen siendo una invitación a que como docentes e intérpretes y músicas y músicos en general tengamos una postura crítica ante la forma en que ejercemos nuestra profesión y las implicaciones de género que siguen normando muchos ejes de nuestro quehacer musical
Nuestro dossier cierra con una interrogante mítica: Las guitarristas mexicanas en el s. XIX: ¿Un mito en la historia de la música de nuestro país? El texto de Jeorgina Tavira pone los puntos sobre la íes para el pasado como para el presente. La investigación documental de Tavira demuestra que pese al desarrollo e impulso que tuvo la formación musical de las mujeres en nuestro país a partir del siglo XIX, la relación con la guitarra se antoja ajena. Existen fuentes que permiten vislumbrar que las “señoritas” del siglo XIX pudieron tener una formación guitarrística con finalidades semejantes a las que tuvo la enseñanza del piano; en adición, la relación parece rastrearse hasta la época colonial. Sin embargo, las fuentes no arrojan información contundente como la de otros espacios geográficos que dejan ver una “profesionalización” de mujeres guitarristas. El punto culminante del texto es señalar, no solo lo sucedido en el pasado, sino saber que en el presente sigue pareciendo un mito la presencia de guitarristas mexicanas desde el ámbito profesional, educativo y escénico. La investigación sobre la música mexicana de concierto, por un lado, y las reflexiones de género en la educación musical, por el otro, han sido el objetivo de estos textos. Sin poder referirlo como un pretexto dada la trascendencia de los ejes temáticos, la intención última del dossier es motivar a los intérpretes a tomar la pluma y reflexionar sobre investigaciones que de manera tácita o inconsciente realizan cotidianamente en su quehacer musical. La intención, pues, es hacer de ese ejercicio individual y silencioso, un diálogo colectivo, que puede leerse en voz alta.




















