Sonus Litterarum 2

Enero – Abril 2022

En momentos en que lo efímero parece ganar terreno a lo perenne en todos los aspectos de la vida (la ciencia, la cultura, la tecnología, el arte, las interacciones sociales), no podemos más que compartir con nuestros lectores la emoción de tener un segundo número en nuestra revista. Claro que dos números no sirven, aún, para garantizar una larga vida a Sonus Litterarum, pero por lo menos puede constatarse que hemos superado el peligro del “debut y despedida”.

Una de las cosas que esperamos puedan caracterizar a nuestro universo sonoliterario es la pluralidad. Sonus no es una revista musicológica o etnomusicológica, o dedicada al análisis musical; no es una revista abocada a la música del pasado, ni a la del presente; no es una revista científica ni de divulgación; no es una revista digital ni física. Mejor dicho, no espera ser sólo una de estas cosas, sino que apostamos porque esta revista pueda ser todo ello en conjunto. Las categorizaciones de la vida académica nos han acostumbrado a pensar en dicotomías que solemos seguir oponiendo pese a la repetida comprobación de su necesaria convivencia. Por ello, las dicotomías en Sonus esperan demostrar que la investigación musical en su amplio espectro puede convivir de muchas y diversas formas en un mismo espacio.

  Nuestro segundo número ya demuestra ser una prueba de todo ello. En esta publicación el lector podrá recorrer el mundo de la investigación musical con ventanas que miran desde el siglo XVII hasta el presente. Por tanto, trataré de respetar este orden cronológico, disculpando el salto numérico del índice (quizá esta editorial podría ser una especie de propuesta de “tablero de dirección” como en Rayuela, pero tal como en Rayuela, el lector podrá leer en el orden que mejor le convenga o parezca).

Cuando escuchamos el nombre de René Descartes solemos asociarlo con el mundo matemático, físico y, claro, filosófico. Miguel Sánchez Quesada nos recuerda que en la época del filósofo francés todos estos campos del conocimiento estaban necesariamente vinculados con uno más: la música. El análisis de Quesada sobre El pensamiento musical cartesiano (I y II) nos permite entender por un lado “el germen del pensamiento cartesiano” con un fundamento musical imprescindible; pero por el otro, plantea importantes fundamentos para comprender “la estética musical” en la época de Descartes.

Dejando el siglo XVII, el artículo de Edgar Calderón es una interesante ventana a la música del siglo XVIII del Colegio de Santa Rosa, antigua Valladolid de Michoacán. Y digo lo de ventana interesante porque el artículo en realidad está dedicado a Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) quien fuera pionero en los estudios musicológicos de nuestro país. Y así, a través de las letras de Calderón (siglo XXI), conocemos los trabajos de Bernal (siglo XX) que miran a la música del Colegio de Santa Rosa (siglo XVIII).

Para seguir con el siglo XIX, Yael Bitrán (por cierto, dicho sea de paso, este número se destaca por la presencia en él de todos los hermanos Bitrán a través diferentes enfoques y acercamientos) nos construye otra ventana temporal con una interesante vista a la Ciudad de México entre 1820 y 1850, ese México que comenzaba a forjar su identidad y que encuentra en la ópera un espacio cultural para conformar una “esfera pública” donde se generan “opiniones y actitudes que sirvieron para confirmar o retar al Estado”. En este sentido, Bitrán encuentra, además, un testigo interesante para acercarnos a dicha esfera pública: el público teatral.

Manteniéndonos en el mismo siglo, pero yendo ahora del mundo de la recepción al mundo de la composición, pero también de la interpretación, la investigadora Elena Kopylova ha contribuido a este número con su análisis sobre los Seis preludios op. 15 de Ricardo Castro (1864-1907). Un personaje también crucial en la identidad del México decimonónico. El artículo nos deja entender por qué, de acuerdo con Kopylova “queda claro que sin sus composiciones [las de Castro] quizá no existirían muchas de las obras de los autores posteriores.”

Para mantener la visión versátil que inspira a Sonus, Sofia Cortez hace presente la interdisciplina, con un análisis —simpatiquísimo— sobre la obra de Mortiz von Schwind (1804-1871) una Sinfonía de gatos. La partitura de esta música carece de notación musical occidental y en su lugar tiene gatos… ¡sí, gatos! Quizá una partitura, que hoy llamaríamos gráfica, pero que en su momento fue algo más que música. La filósofa nos cuenta cómo es que esta música gatuna se convirtió en una parodia, con un tono pícaro, de la inclinación wagneriana por los dramas. Pero ¿cómo suena esta sinfonía? ¿por qué parodia a Wagner? ¿Qué hizo con ella el famoso violinista Joseph Joachim, a quien la obra fue dedicada?… Las respuestas, y otras tantas, claro, en el artículo.

Después del viaje interdisciplinar y para cambiar de siglo, el artículo de Gladys Zamora es difícil de situar en este paso cronológico. La musicóloga dedica su artículo, también, a Miguel Bernal Jiménez. Pero este Bernal no es el musicólogo sino el compositor. Y aunque pareciera que podemos situarnos ya en los albores del siglo XX el otro personaje fundamental que aborda este texto es Roger Bartra (1942-); no obstante, el ancla sigue definitivamente en el México nacionalista del siglo XX. A través del juego de arquetipos de la identidad mexicana que Bartra construye en su Jaula de la melancolía, la musicóloga demuestra que la figura y obra de Bernal Jiménez pueden encontrar un lugar “cómodo” en el mundo musical del México nacionalista. El empeño deviene de la marginalidad que la mayoría de los discursos han concedido a Bernal en parte por el apellido “sacro” que suele acompañar a su nacionalismo.

Situados aún en el siglo XX, pero en un ambiente socio musical muy distinto, Arturo García Gómez pone la mira en las relaciones culturales sucedidas entre México y Rusia hacia mediados del siglo. La primera vez que Shostakovich y Kabalevsky visitaron México es un hecho conocido y bien retratado por la prensa y diversas fuentes de la época. Sin embargo, García Gómez tiene un testimonio directo que la mayoría de los medios no: el relato de su profesora Sofía Borisovna del Conservatorio Rimsky-Korsakov de Leningrado (San Petersburgo), siendo ella una de los artistas que vinieron a México durante esos intercambios culturales México-Rusia. Entonces, el artículo del investigador nos permite conocer momentos, cuadros, piezas de esa visita que muchos medios desconocen´, y nos muestra a un Shostakovich que, en medio de momentos candentes, de fuegos cruzados, de guerras entre potencias mundiales, llega a nuestro como “un embajador de la música por la paz mundial.”

Estirando el tiempo, y aún en el siglo XX, Aquiles Lázaro nos adentra en la habilidad poética de Alvin Lucier (1931-2021), en su lenguaje propio, único; en su voz original y radical. Con el análisis de I Am Sitting in a Room (1969), Music for a Long Thin Wire (1977) y Music for Piano with Amplified Sonorous Vessels (1990), el compositor mexicano explora la repetición y el espacio en la obra de Alvin Lucier, en la manera en que estas obras logran “Estirar el tiempo”.

Decolonizar el canon de Rubén López Cano, es un artículo que el lector encontrará dividido en dos en este número de nuestra revista. Pero puedo apostar que la lectura de la primera parte atraerá magnéticamente al lector hasta la segunda. Las reflexiones del musicólogo nos sitúan en el ojo del huracán; en uno de los temas más polémicos que han aquejado al mundo de la investigación musical occidental en América como en Europa: la actitud hacia el canon musical clásico, la vigencia de ciertos pensamientos dogmáticos y los cambios culturales que han sucedido vertiginosamente en las últimas décadas. El artículo de López-Cano pone el dedo en la llaga sobre  “qué significa decolonizar [primera parte]; a qué llamamos exactamente canon en la música clásica y qué podemos concebir como la decolonización de este canon [segunda parte].”

Los artículos restantes están dedicados a un tema que se hace latente a lo largo de todo el número de la revista: la música como un reflejo identidad individual, colectiva y hasta nacional. Con la diferencia de que en estos últimos textos los sujetos creativos, compositores, intérpretes comparten su experiencia como testimonios directos y en voz presente. 

Así el 40° aniversario del Cuarteto Latinoamericano se conmemora también en Sonus con las vivencias y pensamientos compartidos por cada uno de sus integrantes (entrevistados a solo por Ana Lara). German Romero comparte con Jorge Alba sus pensamientos en torno a la Identidad y la música actual. Javier Álvarez nos cuenta su descubrimiento de la música a través del sonido, en simpáticas anécdotas de su infancia y juventud. 

Si más allá del concepto de identidad musical, pudiera resultar difícil encontrar un hilo conductor entre los artículos (después de este “tablero de dirección” con intenciones cronológicas) lo constante es la pluralidad de visiones y perspectivas musicales y musicológicas que se hacen notar en este segundo número de Sonus.

Gladys Zamora

Índice


Georgina Derbez
Juan Arturo Brennan


Sofía Cortez


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